06.12.2021 La Comisión Departamental del Patrimonio recordó a los maestros María Olmedo y Gustavo Bustillo

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Comisión Departamental del Patrimonio de Lavalleja

Por Karen Corbo

La nostalgia, la tristeza y el cariño fueron las emociones reinantes en la cálida tarde del viernes, cuando se desarrolló en el teatro Lavalleja el homenaje de la Comisión Departamental del Patrimonio de Lavalleja a los maestros que la integraron María Olmedo y Gustavo Bustillo.

Conducido por la comunicadora Leticia Pérez, en alrededor de una hora la comisión recordó la vida de dos personas que marcaron la cultura en el departamento. La primera oradora fue la presidenta Alda Pérez, quien agradeció a los presentes por acompañar «este homenaje sentido a quienes fueran nuestros colegas, compañeros, amigos, trabajadores incansables de largas horas, sembradores de sueños y esperanzas. A ellos nuestro recuerdo. A ustedes el agradecimiento, porque en cada uno de ustedes aquí presente está un poquito de María y de Gustavo».

La presidenta describió a los maestros homenajeados como «dos estrellas enormes de la cultura, la educación y la bonhomía, hoy que no están son estrellas también para seguir su huella».

María

La maestra Glenda Hernández, muy emocionada, fue la encargada de recordar a su colega María Olmedo. «Para hablar de María tendríamos que hablar de su trayectoria, de sus principios y de su constructividad de vida, a través de las distintas formas de trabajar. El motor de María para siempre durante todas las etapas de su vida fue su familia. María estaba encantada de sus hijos, de sus nietos, de su esposo, de sus bisnietas Agustina y Sofía, que le habían llenado totalmente la vida. Fue una mujer orgullosa de su familia», relató.

«Al decir que la familia fue el motor de la vida de María y fue la que les permitió como a muchos de nosotros tomar un tiempo para otras actividades. Pero al ser el motor ella tenemos que buscar los motivadores de esa carrera tan continuada, hermosa, tan diversificada, tan prolífica, como fue la de María. Esos motivadores fueron sus padres. Cuando fuimos a hacer un libro el año pasado empezamos a hablar de Barriga Negra y de los vascos, como era la medicina el tema, habían sido los que habían traído desde su patria cantidad de oficios, eran taleros, herreros, carpinteros, agricultores y ganaderos. Algunos no sabían leer ni escribir, no les había dado tiempo. Uno de los deseos que tenían era que sus hijos estudiaran», reseñó la maestra.

«María me contó que su padre era descendiente de vascos y su madre, ellos estaban preocupados por su educación. Querían que sus hijos estudiaran, que fueran algo. En ese caso de María conocemos mucho, Dámaso es historiador e investigador de historia. En ese momento fue el empujón. Contaba María cuando el padre venía a Minas, porque nació ella en Barriga Negra y estuvo hasta los primeros años de escuela. El padre venía al pueblo y le llevaba libros, revistas y diarios viejos para que leyeran porque tenían que estudiar. María estuvo, como casi todos en aquella época, hasta tercer año. La misma característica tuvieron los vascos cuando trasladaron el deseo de que sus hijos estudiaran, se venían para Minas y allí era que sus hijos seguían estudiando», detalló.

Hernández se refirió también a la carrera como educadora de María Olmedo. «Aparte de ser amiga, compañera, María fue educadora en un cien por ciento. Mujer mesurada en sus opiniones, firme en sus convicciones. Recorrió, fue maestra y llegó a los más altos puestos de la educación Primaria, llegó a ser inspectora. Además fue profesora de Secundaria y también fue directora del liceo Nuestra Señora del Huerto, presidente de las Olimpiadas Especiales para personas con discapacidad, integrante de la Comisión del Bicentenario, mujer política. Aquella motivación personal se convirtió en el trabajo y apoyo a niños, jóvenes y adultos, porque también fue cofundadora y profesora de la UNI 3 de Lavalleja que atiende a los adultos mayores», describió.

«Como amiga (fue) leal, serena, consejera, confesora y divertida. Como compañera de nuestra comisión, un baluarte que buscamos y valoramos. Hay una canción que dice ‘cuando un amigo se va queda un espacio vacío. Quiero decirles a ustedes que ese espacio lo llenamos nosotros, lo llenan ustedes como familia, lo llenamos nosotros como compañeros y amigos, y también los llenan todos los alumnos que pasaron», reflexionó.

Recuerdo

El ex edil y escritor Carlos Cardinal compartió sus vivencias con María Olmedo. «Ante la noticia del fallecimiento de María Olmedo, mi primera reacción fue una natural sensación de tristeza por la pérdida de la vida de una persona que estimaba mucho. Después sentí la tranquilidad que había dejado una profunda huella en mucha gente, lo que la hizo trascender las barreras de la muerte e instalarse en la memoria de los otros mortales que seguimos en el camino. Conocí a la María docente allá por el año 1982 dando clases de geografía en el liceo Fabini, siendo yo un adolescente en ese año y ella una mujer buena, amable, respetuosa de sus alumnos y poniendo lo mejor de sí en la tarea didáctica, aún cuando eran tiempos difíciles en aquella época del oscurantismo en la historia de nuestro país, cuando muchas personas y particular docentes surgían la persecución y la opresión del sistema», pronunció.

«Conocí a una María precursora de cultura en el 2003, cuando publiqué mi primer libro ella escribía artículos para el semanario Minuano. Una tarde de aquellas fui hasta su casa y tuvimos una charla amena y placentera repasando algunos de los cuentos publicados en el libro, ella comentándome su impresión porque ya los había leído todos», manifestó el escritor, quien también recordó a la maestra como edila departamental, con quien compartió la Junta Departamental de Lavalleja, ella desde el Partido Nacional y él desde el Frente Amplio.

Gustavo

Con la voz quebrada por la emoción, el maestro Julio Ibarra recordó a Gustavo Bustillo. El maestro aclaró que le resultaba «imposible hablar de Gustavo sin desprenderme de mi condición de compañero y amigo, con quien en este año justamente hace cuarenta años que nos conocíamos en las aulas del Instituto de Formación Docente, con quien ingresamos el mismo día de aquel lejano 1981, cuando Gustavo empezaba su carrera profesional, magisterial en primer año y yo ingresaba a los entonces bachilleratos premagisteriales que se cursaban en aquel tiempo. Me remueve muchos sentimientos recordarlo por haber sido en lo personal un referente, una persona de consulta ineludible que siempre tomé en cuenta como ejemplo de docente, pero más allá de eso de ejemplo de vida. Gustavo había nacido el 29 de noviembre de 1959 en Casupá, cuarta sesión de Lavalleja, en el seno de una familia rural, siendo el mayor de cuatro hermanos. De esa familia recibió afecto y valores que cultivó durante toda su vida».

«Sus años escolares los compartió con un entonces numeroso grupo de escolares en la escuela rural número 44 de Casupá. Ya desde su infancia su vocación por la carrera magisterial latía en aquel mismo lugar que tenía muy claro cuál sería su destino: enseñar. Así terminaba su etapa escolar, cursa educación Secundaria, para lo cual tuvo como todo adolescente rural de su tiempo, partir de su casa paterna hacia la capital departamental. Vivió con sus abuelos cursando estudios secundarios, tras lo cual ingresa al Instituto de Formación Docente egresando con su título de maestro en 1983 con excelentes calificaciones», mencionó Ibarra.

«De nuestra época estudiantil recuerdo su consolidada vocación, siempre admiré de Gustavo que en su inicio en el Instituto ya tenía claro lo que quería, cosa que mucho de nosotros aún no se había despertado. Mantuvo su vocación durante toda su carrera docente pero además descubrí su compañerismo, su compromiso como estudiante y como amigo. Recién recibido llega a su primera escuela, la escuela rural número 110 de Chamamé. Esta escuela tenía para Gustavo una gran significación no solo por su cercanía geográfica a su lugar natal, sino por ser la escuela de sus antepasados, lo cual significaba para él un cúmulo de emociones. Posteriormente se desempeña en la que había sido su escuela de niño, la escuela rural de Casupá, número 44, lo cual significó un hecho muy especial para él y para quienes habían sido sus compañeros y vecinos, y obviamente para su familia que veía con orgullo la vuelta de aquel joven maestro a los pagos que lo habían visto nacer», recordó el maestro.

«De ahí en más prosigue su recorrido por escuelas rurales del departamento, la 27 de Vejigas, la 73 de El Soldado, la 82 de Valle de Solís, la 106 de Gaetán. En todas esas Gustavo dejaba su impronta, huellas profundas del maestro rural comprometido con los niños, la familia y la comunidad donde trabajó. En esos años de trabajo rural fundó junto a otros compañeros el Agrupamiento Escolar Con Fraternidad, el cual hoy sigue latiendo más de treinta años después en esas zonas rurales de la ex cuarta sección, con aquel mismo impulso que Gustavo le aportó», sostuvo.

«Posteriormente se desempeña con el mismo compromiso y dedicación en escuelas urbanas del departamento: la Escuela de Prácticas Artigas de Minas, la número 11 Juan Antonio Lavalleja del barrio Estación, donde recaló varios años dejando un recuerdo marcado por su compromiso, trabajo y su impronta personal que lo identificaba claramente. También trabajó en Solís de Mataojo en la escuela número 5 Eduardo Fabini, en la 63 Artigas del barrio Garolini y alternó su trabajo escolar como docente en el Instituto que lo tuvo como profesor durante muchísimos años. Finaliza su brillante carrera docente en la escuela 104 Ana Monterroso de Lavalleja, donde como ocurría en cada lugar se constituía como referente de la comunidad», puntualizó.

Posteriormente los integrantes de la Comisión Departamental del Patrimonio de Lavalleja entregaron placas en recuerdo de María y Gustavo a sus familiares.

Alumnos

El legado de Gustavo Bustillo se cristalizó en la presentación del cuerpo de danza de alumnos y ex alumnos de la escuela 104. A través del arte, los niños y adolescentes representaron al maestro y la relación de afecto que lo unió a sus estudiantes, despertando aplausos y lágrimas en los presentes por tan hermoso homenaje. 

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