10.02.2022 Walter «Cabeza» Castro, un grande de verdad

0

Por Omar Guillén

Otro sacudón que la vida nos da, ello está puesto de manifiesto con la ida terrenal de una figura que puede sintetizarse como deporte y humildad. Un hombre que dedicó su vida a la práctica del deporte pero también coadyuvó para que muchos jóvenes, en especial, practicaran el deporte.

Walter Castro más conocido por el Cabeza, en todos los medios en los que participó, lo ubicamos jugando al fútbol en su querido Sportivo Minas, dirigiendo al Club Cerrito en los comienzos mismos del Baby Fútbol de aquellos tiempos, con la sabiduría del Prof. Radamés Ventura en la conformación de los primeros equipos que fueron delineando la figura de la organización del fútbol para los niños.

Allí Walter Castro siendo muy joven fue poniendo su impronta y sus ganas de hacer cosas, de ir trabajando con chicos. Alternaba como otros la práctica del fútbol en lo personal e iba también mostrándose como entrenador en su Cerrito querido. El atletismo también le atrajo y comenzó a participar en los campeonatos de los barrios y/o en competencias que también Ventura con algunos colegas iban realizando. Y allí fue marcando su calidad para este deporte que practicó y participó a todo nivel hasta sus últimos días. Tenía un «ojo clínico» diríamos, para detectar jugadores de fútbol desde sus comienzos y fue convocado por clubes oficiales para consultarle sobre la aparición de nuevas figuras en el escenario minuano.

Más allá de dejar la actividad como técnico a nivel de los niños, continuó con la observación de los niños y niñas en las canchas y sacaba prontamente conclusiones y daba su opinión que no fallaba.
Trabajador incansable entonces en el fútbol y el deporte minuano, competidor inquebrantable, se le vio en competencias atléticas a nivel departamental, nacional e internacional hasta entrado en años, lo hacía como veterano pero una solvencia maravillosa y más que nada se mostraba en el entrenamiento.

No le hacía asco a ese trabajo previo tan importante para cualquier deportista, fue ejemplo en ese sentido. Una historia de vida excepcional para este hombre lleno de bondad y humildad, no sabía de egoísmos y de malos sentimientos, apreciado y querido en todos los ámbitos. Lleno de trofeos y medallas por las competencias en las que participaba, pero quizás y sin quizás sus mayores éxitos fueron los de su personalidad y hombría de bien que debe ser orgullo para los suyos. 

También fue un busca vidas, nunca se amilanó ante la adversidad sino que por el contrario salió a la calle para conseguir honesta y honradamente el pan para los suyos. Sin duda un grande de verdad, daba la sensación que solo veía lo bueno de los demás y por tanto, era raro verle ofuscado, más allá de que hubiera sido perjudicado por algún fallo o alguna decisión de terceros, siempre encontraba la parte positiva de las cosas y ello hacía que continuara en un derrotero que no sabía de flaquezas y caídas. 

Todos aprendimos algo de vos hermano de la vida y hoy en la despedida terrenal solo recordamos tu figura y sentimos el latir de lo más grande que tuviste siempre, el corazón. Gracias Cabeza y nos vemos de seguro en algún momento en la vida eterna, sos de los que podés descansar tranquilo. Paz en tu tumba por siempre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *