19.04.2022 Desembarco de los Treinta y Tres Orientales: de operación militar clandestina a hito histórico

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El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, Juan Manuel Blanes Óleo sobre tela 311 x 546 cm Museo Juan Manuel Blanes. Fuente Wikipedia

Por Karen Corbo

«Despiertan los barqueros… ya es la hora;

y, al chocar de los remos sobre el río,

alzan la barcarola de la aurora

de ritmo audaz y cadencioso brío,

¡La eterna barcarola redentora!

Caen de los sauces las dormidas arpas

por impalpable mano arrebatadas;

La selva entona de la patria historia

los no aprendidos salmos inmortales;

al beso de la luz se alza la guerra,

y brotan de la tierra

palpitantes recuerdos a raudales.

En luminosa ebullición sonora,

los átomos alados

nadan en luz en torno de la aurora.

Y despiertan los cantos olvidados

que en el juncal dormían,

los que en el bosque errantes se escondían,

los que en las nieblas mudos se arropaban,

o sin eco en el aire discurrían,

e, impulsos sin objeto, desmayaban.

Y entre la luz, los cantos, los latidos,

roja, intensa mirada

que por el campo de la patria hermoso

paseó la libertad, pisan la frente

del húmedo arenal Treinta y Tres hombres;

Treinta y Tres hombres que mi mente adora,

encarnación, viviente melodía,

diana triunfal, leyenda redentora

del alma heroica de la patria mía».

Fragmento de la Leyenda Patria (Juan Zorrilla de San Martín, 1879).

Más allá del hecho histórico y los ríos de tinta desprendidos, el Desembarco de los Treinta y Tres Orientales consistió en una operación militar que tuvo lugar el 19 de abril de 1825. Juan Antonio «Lavalleja y Manuel Oribe lo que realizaron fue una operación totalmente clandestina que debía mantenerse en el mayor secreto y sigilo para poder iniciar un movimiento revolucionario que es la Banda Oriental con vistas a recuperar la Provincia Oriental para las Provincias Unidas y expulsar a los brasileños», relató el profesor de historia e historiador Luis Pacheco.

Prof. Luis Pacheco

Nacionalización del Estado

«Era una operación militar clandestina muy corriente que no tuvo más recuerdo que el de los anales de las operaciones militares de la época, porque podríamos mencionar otras varias. Entre 1863 y 1868 don Domingo Ordoñana, parte de la Asociación Rural en la época del militarismo con Latorre, se empezó a hablar y a consolidarse un relato de historia nacional. Entonces Domingo Ordoñana investiga cuál había sido el lugar del Desembarco y se ubica justamente la Playa de la Graciada o Playa de La Agraciada. Por la misma época, en 1879, Zorrilla de San Martín prepara la Leyenda Patria con la cual se inaugura el monumento a la independencia en Florida. En 1884 se crea el departamento de Treinta y Tres, por disposición la escuela número 1 en todos los departamentos se deberá llamar José Artigas y la escuela número dos José Pedro Varela. Entonces se inicia la nacionalización del Estado, es decir, el Estado va creando el relato de su historia nacional».

«El evento más importante va a llegar con los hechos de la Independencia, entonces en 1825 el 19 de abril, el 25 de agosto y el 12 de octubre, pasan a ser las joyas de la corona alrededor de la figura de Lavalleja y de los Treinta y Tres Orientales», agregó el docente.

«Se jerarquizó más la figura de los Treinta y Tres con el cuadro (El Juramento de los Treinta y Tres Orientales) de (Juan Manuel) Blanes, si es no es un número masónico, para evitar el conflicto que podía llevar a las dos figuras de Lavalleja y (Fructuoso) Rivera a algún tipo de polémica. Había que hacer una historia jerarquizando la nación, la unidad. Entonces el Abrazo del Monzón, la Batalla de Sarandí, el combate de Rincón, es decir, 1825 es el año en que Lavalleja y Rivera estuvieron juntos. La culminación va a llegar en el año del centenario, ya sobre el gobierno batllista, entre 1925 y 1930 cuando se realizan las grandes celebraciones del centenario de la Independencia, entre ellos la inauguración del Monumento Artigas en Plaza Independencia», relató Pacheco.

«En 1902 se había inaugurado el monumento ecuestre a Lavalleja en Minas y en 1927 se le dio el nombre al departamento de Lavalleja, algo demorado pero finalmente aceptado», agregó.

El docente cuestionó que «hoy en el 2022 hay un problema con el relato histórico porque el Estado nación no está cuestionado, hoy está cuestionado otro tipo de situaciones, de continuidades, de rupturas. Lamentablemente vemos que los actos patrióticos pasan desapercibidos, primera cosa se cambian de fecha, segundo todos los actos son exactamente iguales: Himno Nacional, palabras alusivas, ofrenda floral y Marcha Mi Bandera. No hay debates, no hay conciertos, no actividades corales, danzas folclóricas, hay una cantidad de cosas que hacen que la historia nacional esté ausente».

«Entonces en este momento hay un cuestionarse o un cuestionamiento social que de una vez por todas tenemos que debatirlo y no se trata de que lo haga la escuela o cargárselo en la mochila al maestro, no, toda la sociedad es responsable», reflexionó.

Óleo sobre tela Juan Antonio Lavalleja realizado por el pintor Jean Philippe Goulu (1786-1853). Fuente Wikipedia.

Los patriotas

La historia sobre la gesta ha girado en torno a la figura de Lavalleja, sin embargo, el devenir del tiempo y las dificultades de documentación de la época no permite que se conozcan con certeza el nombre de todos los patriotas, incluso la cifra de cuántos eran.

«Ahí tenemos otra polémica, si el número se tomó en sentido simbólico, si se debe a las investigaciones de Blanes en cuanto a que pudo conocer a algunos como Tiburcio Gómez que todavía estaba vivo, hombres de la época como Alejandro Chucarro o descendientes directamente de los participantes. Pero la dificultad está en que el 19 de abril de 1825 fue una operación militar común y corriente, la cual tomó valor cincuenta años después, esa es la dificultad que existe en recuperar los nombres de los Treinta y Tres», señaló Pacheco.

Más allá del departamento

Si bien en la tierra del Libertador se nos infla el pecho cada 19 de abril, «obviamente que Lavalleja más que un personaje de Minas, tenemos que verlo como un personaje con dimensión regional. Lavalleja fue gobernador en 1825, estuvo presente en Sarandí como Jefe del Ejército, volvió a ser gobernador en 1827, estuvo en Ituzaingó, volvió a ser gobernador en 1830, integró el Triunvirato en 1853. Realmente Lavalleja tiene una historia de servicio que se inicia en 1811 con Manuel Francisco Artigas y después acompañó a Rivera desde 1812 hasta su captura en Valentines en 1818. Estuvo prisionero en Brasil, sus dos hijas mayores fueron bautizadas en la Capilla Real de Río de Janeiro. Además alternó con Estanislao López, Artigas, el gobierno de Buenos Aires, una de las hijas de Lavalleja se casó con un sobrino de Juan Martín de Pueyrredón, o sea, socialmente estaba vinculado a la sociedad montevideana, bonaerense, a Santa Fe y Entre Ríos».

«Realmente hay que verlo en una dimensión regional que a veces pasa totalmente desapercibido y mismo el 24 de junio (de 1874 es la fecha de nacimiento) pasa totalmente desapercibido en la sociedad minuana, lo mismo el 22 de octubre (de 1853 cuando falleció). Entonces la historia local también tiene un debe importante», apuntó.

Retrato al carbón de Ana Monterroso de Lavalleja, ubicado en la Casa de Lavalleja del Museo Histórico Nacional. Fuente Wikipedia

Ana Monterroso

La gran compañera de Lavalleja, su esposa Ana Monterroso, «fue una mujer de educación, de influencia porque los Monterroso eran gente de sociedad vinculados al Cabildo y demás con experiencia de gobierno. Se vincula con Juan Antonio Lavalleja, se casan por poder, justamente Fructuoso Rivera es quien representa a don Juan Antonio. A partir de ahí el acto mayor de amor, de dedicación es cuando doña Ana Monterroso se embarca en Paysandú con su marido prisionero de los portugueses hacia Montevideo y de Montevideo a Río de Janeiro», detalló Pacheco.

«En 1821 vuelven, Juan Antonio Lavalleja sienta plaza en el Regimiento de Dragones Orientales que está al mando de Rivera y después la historia lo llevó a Buenos Aires. Alternaron el caballo con la cuna, es decir, criando hijos y acampando en Durazno, en Melo, en Montevideo, en los exilios en Buenos Aires», concluyó el profesor de historia Luis Pacheco. 

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