30.06.2022 Regresando a los orígenes: Hermanas Capuchinas visitaron el Hospital Dr. «Alfredo Vidal y Fuentes»

 Por Rodrigo Guillén

Las hermanas Capuchinas llegaron a las instalaciones del hospital de la ciudad, lugar donde en el 1904 recibió a Francisca, la primera santa uruguaya. La hermana Nora Azanza, argentina, tras su llegada al hospital en compañía de la hermana Tsega Ghebremicael Berhe de nacionalidad africana y Mónica Florentín, también argentina. 

Azanza comentó que «al menos para mí es la primera vez que vengo a Minas, conocía la historia del Hospital y el motivo por el cual Francisca, la primera santa uruguaya vino aquí. Por lo tanto lo primero que uno siente es emoción profunda porque está caminando por la misma tierra que ella caminó, por más que las veredas están cambiadas, los pisos del Hospital también, nosotros tenemos la certeza de que ella estuvo acá y dicen que donde estuvo un Santo, una buena persona, todo eso queda como impregnado de ese espíritu, así que toda esa experiencia profunda de decir ‘pucha, estoy en un lugar donde estuvo la Santa Francisca’, la Santa que hoy todos invocamos, la que tenemos alegría de tenerla». 

La religiosa manifestó su alegría «porque yo conocía cosas externas de este Hospital pero no lo conocíamos por dentro, por lo que una alegría muy grande, una acogida muy grande del padre Fernando, de Matías, del Dr. Andrés (Balduini) de toda su gente y eso a uno le llena el alma de alegría, porque así como nos ven ahora en el siglo XXI a nosotras, seguramente así habrán recibido a nuestras primeras hermanas y a todas las que siguieron».

SEMANA ESPECIAL

Esta semana tendrán muchas actividades en torno a la Santa Francisca, Minas precisamente desde el lunes tiene actividades en torno a ello. Azanza detalló que «tenemos una serie de acontecimientos, por eso vinimos acá, porque somos portadoras de una imagen de la Santa Francisca y lo de traer unas reliquias, que nosotros las llamamos de primer grado porque son unas reliquias porque es un pedacito de un hueso de su cuerpo. Es de una manera traer la presencia de ella, nosotros sabemos que ella está en el cielo, pero eso es un pedacito de hueso, pero es como que ella se queda, quiso volver a Minas». 

«Ahora estábamos leyendo con el director (del Hospital Vidal y Fuentes, con el Dr. Andrés, cómo fueron las cláusulas de un contrato que ella hizo con la Comisión de ese tiempo y cómo explicaba el trabajo que iban a realizar las hermanas, con qué libertad y respeto a la Comisión Directiva que no eran mucho de las prácticas religiosas, entonces con el sueldo que cobraban las hermanas, que habían asignado un tanto por ciento, ellas costearían todo lo que era el aspecto religioso. Eran enfermeras pero también administraban parte del Hospital, la ropería, la cocina, la lavandería, nuestras hermanas siempre se caracterizaron en los Hospitales porque iban con un manojo de llaves así de grande, enseguida se sentía cuando venían las Hermanas. Tenían una administración perfecta, el inventario de toda la ropa, es decir, han sentido mucho los Hospitales en sí cuando las hermanas se han ido, porque hacían un trabajo día y noche, no había horario, había gente para acudir y gente para atender». 

La hermana reseñó que en aquel momento, «el aspecto religioso era si la persona lo solicitaba, ellas nunca impusieron porque la fe no se impone, la fe se propone y la fe se ejemplifica, se testimonia. Nosotras estamos convencidas que el Uruguay es una tierra que ella elige y adopta como su patria porque quiere quedarse en Uruguay, ella está enterrada donde vivimos que es el Santuario que ahora lleva su nombre y ahí tenemos en una urna sus restos mortales, pero ella quiere quedarse acá porque acá están sus queridos pobres. Y Minas tiene una particularidad, que fue como el último hijo engendrado por el amor de ella a Dios y a los hermanos, es como la obra póstuma que se lleva en su corazón y así como lo había hecho también en Montevideo, ella viene acá cuando esto era un hospital de campaña porque estaban las famosas guerras civiles entre colorados y blancos, es una mujer del perdón y de la paz pero no porque escribe cartas ni porque hace lo que estoy haciendo yo ahora, sino porque concretiza cómo ella construyó la paz. Atendiendo, a estos que estaban heridos y mal heridos, de uno o del otro bando, lo que importaba era sanar a esa persona, que esa persona recuperase su dignidad y a través de la recuperación de su físico también que estas personas encontraran el perdón, la reconciliación, la paz, que después vino si no mal recuerdo en setiembre de 1904, que ya no se sucedieron más estas confrontaciones». 

«En cada una de estas confrontaciones se fueron consiguiendo pequeñas cosas, entonces si digo el ejemplo de una mujer de 60 años, metida en el medio en el campo de combate, no hablando, pero haciendo, me parece que tiene mucho que decirnos a la sociedad de hoy. Nosotros somos de hacer proyectos, poner objetivos, recursos humanos, planificar y pensar que estrategia vamos a usar y qué se yo, Francisca de seguro no conocería nada de eso, pero la obra que ella hizo, la obra de su persona y lo que deja como legado realmente es aplicable porque hay dos cosas que la definen: es una mujer que hace extraordinario las cosas ordinarias de la vida y que es luminosa por su humildad, por su perfil bajo, porque no se hacía notar. Por eso la Iglesia cuando la canoniza dice que es como una palabra de Dios para la presente generación», explicó.

EL HOSPITAL DE 1900 Y EL DEL 2022

Con respecto al hospital Vidal y Fuentes, «tenemos una foto bien antigua de la fachada del hospital que me vino a la memoria. Encontramos ahora un hospital muy ordenado, muy equipado, me asombró la limpieza, la prolijidad de todos los ambientes, la acogida de la gente y lo que nos contaba el Dr. Andrés del trabajo que hace la Asociación que se ocupa de las personas que sufren cáncer de mama, cómo han salido al encuentro de las necesidades del hoy. Eso me parece que es el mejor homenaje que le podemos rendir a Francisca y a todas las hermanas que por 60 años estuvieron en el hospital. No conozco en profundidad la historia, me la voy a llevar para leer, pero sí le decía al Dr. Andrés que recuerdo y la tengo acá, una carta donde la Madre, ella misma, habla de porqué viene al hospital de Minas», expresó la hermana.

8 AÑOS MISIONERA EN URUGUAY

Desde Sudáfrica, hace 8 años llegó la hermana Tsega Ghebremicael Berhe, conoció la obra realizada por la madre Francisca y quedó sumamente feliz de saber lo que realizó en nuestro país. «Vine aquí como misionera y quedé muy feliz de la obra de la Madre Francisca que vino acá con una valentía sin frontera, con fuerza, con fe y se quedó aquí con el pueblo uruguayo trabajando con amor, con una mirada muy profunda a los más necesitados, a los jóvenes, a los pobres, a los ancianos, dando su fuerza con todo lo que tenía, entregando todo de sí misma. Por eso me quedo muy contenta de su canonización, la verdad me  llena el corazón, en Uruguay hace 8 años que estoy», expresó. 

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