01.04.2024 Luis Alberto García: «Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja»

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Por Karina Núñez

Lo hemos visto seguramente muchas veces en la calle, siempre con su bolsito de mano, buscando algo en los contenedores que pueda vender para hacer unos pesos y poder llevar su día adelante.

Muchos quizás se preguntarán a quien dedico mi historia de vida hoy, pero es un hombre que tuvo sueños, que tuvo trabajo, familia, un vecino de Minas, que la vida quizás por su propias decisiones, se le presentó de una manera que nunca buscó.

El sábado lo encontramos en calle Roosevelt y Florencio Sánchez, mirando el horizonte, entreteniéndose con algún vecino que pasaba por el lugar, ayudando a una señora de bastón a ingresar a una vivienda y decidimos hablar con él.

A la hora de sentarnos en la vereda y mirarlo a sus ojos, vimos la tristeza y soledad que tiene en su mirada, un hombre que es jóven de edad, pero que no ha sido fácil vivirla, allí estuvimos un rato, conversamos de la vida, nos reímos, también hablamos del dolor, de las adicciones y de cómo fue el transcurso de su vida.    

SU HISTORIA

Luis Alberto García Ríos nació el  22 de mayo de 1962, llegó a una familia que estaba conformada por su padre, madre y nos contó que su viejo era funebrero y la mamá lavandera.

Eran nueve hermanos, él estaba en el medio de todos, recuerda que cuando era niño le gustaba mucho jugar y siempre vivieron en la zona de la Rambla de Minas, hasta donde sigue viviendo hoy en día.

Concurrió a la escuela Nº 1 y desde siempre trabajó, lustró zapatos, vendió diarios y cuando joven iba para los botes, hacía varias changa. No era mucho de salir a bailar, iba relativamente poco, nos afirma.
Nunca se casó, pero sí reconoce haber conocido al amor,  tuvo un hijo Luis Ignacio, del que cuenta que eligió el mal camino y hoy está privado de libertad.

Le preguntamos cómo es su vida hoy, cómo pasa un día cualquiera y nos dice «mi vida es tranquila, ando acá, siempre en la vuelta, cuido algún auto, junto algunas cosas y en eso nomas transcurren mis días».
Señaló que algunas veces iba al comedor municipal, donde nos contó que «se come muy rico, pero dejé de hacerlo porque me solicitaron que debía presentar recibo de luz, recibo de agua, cosa que no tengo, ni luz, ni tengo agua y menos tengo recibo sueldo».

Luis Alberto continúa viviendo en la casita aquella que hizo hace unos años atrás Alfredo Villalba cuando fue intendente por unos meses, de lo que dijo que fue una gran ayuda, aunque reconoció que el barrio no es el mismo.

«Antes vivía en una casilla de lata y en otra zona de la Rambla, pero la gente era toda mayor y vivía en paz, hoy en el lugar donde estoy, hay más gurizada, y realmente están en otra, entonces a veces es bravo seguir allí. Me pasa que a veces estoy durmiendo y me tengo que levantar, por los ruidos y gritos en la madrugada».

SU SOBRENOMBRE «EL PERRO»

Cuando le preguntamos por qué le dicen «Perro» a él y sus hermanos, entre risas me preguntó «¿cómo sabes que nos dicen así?». Y ahí nos contó «uno de mis hermanos, fue a trabajar a Montevideo y juntos entramos en la Marina, y un día nos dieron el día libre, pero no podíamos viajar para Minas y fuimos a un bar y se armó lío y terminamos a las piñas entre todos. Ese fue el momento en que nos pusieron ‘los perros’, seguramente porque rompimos todo y estábamos malos, y después de ese día nos quedó ese sobrenombre».

«NO SE PUEDE DAR MARCHA ATRÁS, LA VIDA ES HACIA ADELANTE»

Al hacerle referencia si le hubiese gustado tener otra vida, dijo «siempre busqué tener otra vida, poder trabajar dignamente, es más, estuve trabajando mucho tiempo en la construcción, andaba bien en la construcción en aquel momento, pero, hubo un paro grande y ahí me mató, porque debíamos alquilar y no teníamos con qué pagar el alquiler. Allá teníamos olla popular y todo, pero me tuve que venir, ¿con qué pagaba el alquiler? Y me vine para acá a trabajar en un monte, anduve monteando mucho tiempo, también en el abasto. Anduve siempre para todo el mundo y ahora estoy acá, en la vuelta, pero tranquilo».

SOLO PERO EN PAZ

Luis vive solo, cuando falleció el hermano con quien vivía, «el Jano», a quien extraña mucho, su vida continuó solitaria, pero nos reitera «vivo tranquilo, voy a pescar, me siento a mirar los pájaros y tengo un gato que me acompaña, porque tuve un perro con el que salíamos a cazar y me lo robaron. Mi gato parece un perro, me sigue de atrás, me acompaña y me da besos, es muy lindo».

CALA MUY FUERTE EN LA SOCIEDAD

Con García hablamos de los vicios, entre ella la la droga, de la que dijo que «sin duda ha hecho un estrago en la sociedad, pero cada cual está en su palo. Realmente para los jóvenes es muy mala la droga y lo veo día a día. Yo tengo 62, y he vivido un montón de cosas, de las buenas y de las malas, pero nunca jugué, fumo de vez en cuando, cuando tengo, admito que sí me gustaba tomar algo de vez en cuando, pero veo que está brava la noche hoy en día, todo ha venido cambiando lastimosamente».

García, hoy cuenta con algunas nanas, su salud no es la mejor, tiene algunos dolores en sus huesos, pero afronta el día con ganas y termina diciendo; «la vida no es fácil, porque si lo fuera, no sería vida».

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