«Desde el alma»: manos solidarias que tejen amor para los que más lo necesitan

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«Desde el alma»: manos solidarias que tejen amor para los que más lo necesitan

Por Karina Núñez

Hay proyectos que nacen de una idea, y otros que nacen del corazón. La asociación solidaria «Desde el alma» es uno de esos casos en los que una dificultad personal se transformó en un gesto colectivo de amor.

Detrás de esta iniciativa están Franca y Sol, dos mujeres que decidieron unir voluntades, manos y corazones para ayudar a quienes más lo necesitan. Ellas mismas definen el proyecto como «un conjunto de almas bonitas, manos mágicas y corazones generosos», donde cada aporte, por pequeño que sea, termina convirtiéndose en abrigo, en cuidado y en esperanza para muchas personas.

Franca recuerda que todo comenzó hace casi tres años, luego de atravesar un momento complejo de salud.

«Todo nació después de una internación de siete días. Cuando me dieron el alta me prohibieron hacer fuerzas. Yo era de las plantas, de plantar, trasplantar, agacharme y de repente no podía hacer nada de eso. Fue por una hernia de columna que me llevó a tener más de 30 bloqueos y que hoy sigue siendo algo crónico», cuenta.

Acostumbrada a crear con sus manos, las manualidades siempre habían sido parte de su vida. Sin embargo, nunca lo había pensado como algo más que un hobby.

«Siempre hice artesanías y manualidades, pero para regalar. Nunca vendí nada, siempre fue por el gusto de crear y compartir».

Aprendizaje

Con la llegada del invierno y con la imposibilidad de realizar muchas de las actividades que antes disfrutaba, surgió la pregunta que cambiaría todo: ¿qué hacer con el tiempo y con las ganas de crear?

La respuesta llegó de una forma inesperada.

«Pensé: voy a aprender a tejer. Total lo puedo hacer sentada. Pero no sabía tejer nada», recuerda entre risas.

Compró una aguja de crochet, un ovillo de lana y se apoyó en tutoriales de internet. Entre intentos, errores y muchas veces de «armar y desarmar», un mes después tenía sobre la mesa diez gorritos de bebé perfectamente tejidos.
Pero apareció una nueva pregunta: ¿qué hacer con ellos?

La respuesta llegó gracias a su amiga Sol, compañera de este camino y una de las creadoras de la iniciativa.

«Le pregunté qué podía hacer con todo eso, porque en mi familia no había bebés por nacer. Entonces ella habló con la jefa de parteras del Hospital de Minas. Nos dijeron que no había nadie que estuviera donando para la maternidad y que muchas mamás llegan sin ajuar para sus bebés».

Ese momento marcó el verdadero nacimiento de «Desde el alma».

Desde el alma

«Se me partió el alma cuando escuché eso. Y pensé que teníamos que hacer algo».

A través de un simple mensaje en redes sociales, Franca comenzó a pedir restos de lana para seguir tejiendo. La respuesta no tardó en llegar.

Las donaciones comenzaron a aparecer, pero también surgió otro desafío: una sola persona no podía tejer todo.
Entonces nació otra idea: convocar a más manos solidarias.

Con un pequeño video publicado en redes sociales, Franca invitó a quienes supieran tejer a sumarse a la causa. La respuesta fue emocionante.

Poco a poco comenzaron a aparecer personas dispuestas a colaborar: una tía de casi 80 años que volvió a tomar las agujas, mujeres que sabían tejer al crochet, otras a dos agujas, e incluso quienes no sabían tejer pero querían ayudar de otras formas.
Así comenzó a crecer esta red solidaria.

«Nosotras no somos una organización formal. Somos simplemente un grupo solidario sin fines de lucro. Lo único que queremos es ayudar», explica Franca.

Hoy, el trabajo de Desde el alma no solo llega a la maternidad del hospital, sino también a policlínicas, familias vulnerables y merenderos donde muchas personas encuentran abrigo, ropa o un pequeño gesto de dignidad.

La iniciativa también recibe ropa usada en buen estado, desde prendas de bebés hasta ropa de adultos, que luego es entregada en espacios comunitarios donde quienes lo necesitan pueden acceder a ellas.

Para poder sostener el proyecto, Franca también encontró una manera ingeniosa de generar recursos sin pedir dinero.
Comenzó a traer pequeñas cantidades de prendas desde el exterior y venderlas a precios accesibles. Con esas ganancias compran lana, pañales, telas para sabanitas y materiales necesarios para seguir armando los ajuares de los recién nacidos.

«Las ganancias no son para nosotras. Todo vuelve al proyecto. Con eso compramos lana, pañales o telas, que sabemos que muchas veces son difíciles de donar».

Hoy, Desde el alma continúa creciendo gracias a personas que, desde distintos lugares, deciden regalar un poco de su tiempo.

Hay tejedoras de Minas, de Pirarajá, incluso personas de Montevideo que se han sumado a esta cadena de solidaridad.
A todas ellas, Franca y Sol les envían lana y luego reciben las prendas terminadas para armar los ajuares que serán entregados a los bebés.

«Lo único que pedimos es que tejan con amor. No ponemos plazos, ni exigencias. Solo queremos tener prendas para esos bebitos que están por llegar al mundo».

Porque al final, como su nombre lo dice, este proyecto nace y se sostiene desde el alma.

Un gesto simple, una aguja, un poco de lana y muchas manos unidas han logrado transformar una dificultad personal en una red de amor que abriga a quienes más lo necesitan.

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