10.05.2022 Arqueólogas expusieron sobre construcciones de piedra en áreas serranas

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Las arqueólogas Elena Saccone y Moira Sotelo, Glenda Hernández, Felipe De los Santos, Leticia Pérez y Alda Pérez, integrantes y presidenta de la Comisión de Patrimonio Departamental

Las arqueólogas Elena Saccone y Moira Sotelo, Glenda Hernández, Felipe De los Santos, Leticia Pérez y Alda Pérez, integrantes y presidenta de la Comisión de Patrimonio Departamental

Por Karen Corbo

La memoria colectiva, fundamental para la construcción de la historia de las sociedades, no solo se construye a partir de relatos o documentos, sino que también se compone por los registros o rastros que van dejando las personas a lo largo de su existencia. Con la finalidad de conocer los registros de quienes habitaron nuestro departamento siglos antes, la Comisión de Patrimonio Departamental convocó a las arqueólogas Moira Sotelo y Elena Saccone.

Las científicas brindaron una rica exposición de sus investigaciones sobre las construcciones en piedra en las serranías del departamento. La charla que se desarrolló en la Casa de la Cultura convocó una gran cantidad de público, entre ellos ediles departamentales y miembros de la Comisión de Patrimonio Departamental, pero con el destaque de niños que concurrieron con su maestra y padres.

Entre anillos y montículos de piedra

La arqueóloga Sotelo relató que Lavalleja tiene un poblamiento de indígenas de miles de años, en Maldonado es mayor a doce mil, por lo que se infiere que en el departamento date de una época similar.

En los últimos diez años Sotelo se dedicó a investigar cómo los indígenas utilizaban los espacios de tierra, por ejemplo, se sabía que tenían por costumbre enterrar a sus muertos tapados con piedras.

«Es muy común en las sierras de Uruguay encontrar anillos y montículos de piedra. Hicimos prospecciones, que es la búsqueda y detección de estos lugares, empezamos por Tacuarembó, Rivera y Salto, siempre en áreas de serranías, en lugares altos, en cerros. Tal vez al principio puede costar un poco visualizar, cuando hablamos de anillo hablamos de una forma que podemos empezar a ver que no es natural, que hay una intención de una persona o una población de dar estas formas circulares», describió la científica.

Los hallazgos de anillos en las sierras uruguayas «dejó de ser un aspecto aislado sino que cada vez que subimos a un cerro o a una sierra es muy raro no encontrar nada», sostuvo Sotelo y agregó que en Argentina está más avanzado el estudio sobre el tema. Además dentro de los usos, una de las hipótesis que tiene la comunidad científica es que «sean espacios vinculados a la estrategia de caza de animales. Las poblaciones indígenas dependían mucho de la caza y hay una preparación, estrategia o diseño de cazar». En Lavalleja hay muchas construcciones de este tipo y la evidencia indica que fueron utilizados hasta el siglo XVII.

Investigación

Como cualquier ciencia social, la arqueología se basa en varias metodologías para investigar su objeto de estudio. Lógicamente la excavación es la técnica por excelencia, sin embargo, también se utilizan registros escritos, como por ejemplo documentos históricos.

Sotelo presentó la evidencia de «un mapa de 1752, que es elaborado por sacerdotes jesuitas que estaban recorriendo el norte del río Negro por el tema misionero y señalan un cerro, que hoy creemos que en la zona del (Valle) del Lunarejo. Dice: ‘en el cerro Yaceguá tiene los guenoas sus sepulturas y aquí traen a sus difuntos de muchas leguas para enterrarlos. En el cerro llamado Ibití María se gradúan de hechiceros los guenoas, allí se juntan, se punzan, se taladran el cuerpo'».

«Este tipo de documentos también nos ayuda a pensar el uso de estas construcciones. Sabemos que en 1752 que los jesuitas están diciendo que usan un cerro para enterrar a sus muertos y el cerro Ibití María para hacer sus ceremonias, desde su perspectiva hechicerías. A partir de este tipo de documentos también vamos al territorio a buscar estos lugares. Hacemos un análisis cartográfico y buscamos el que pueda ser este cerro, que casualmente se llama Minuano, en su cumbre aplanada tiene dos anillos de piedras y un conjunto de montículos. Son los que nos permiten después hacer los mapas», explicó.

En el caso del cerro Charrúa, ubicado en el departamento de Tacuarembó «es el único sitio con caírnes y vichaderos que tiene protección. La Junta Departamental de Tacuarembó en el 2005 lo declaró bien de interés departamental y eso implica que el sitio esté protegido, que cualquier acción que se genere en ese territorio debe tener en consideración la preservación de estos sitios», detalló la experta.

Estructuras cónicas en Lavalleja

Junto con los anillos y las mangueras, otra de las estructuras de piedras que pueden observarse en las serranías uruguayas son los conos, que también están presentes en Lavalleja. La arqueóloga Elena Saccone ha estudiado estructuras cónicas en Lavalleja.

«En el Cerro Negro (del Valle del Hilo de la Vida) hay estructuras marcadas y dos cerros al sur tenemos otro conjunto. La característica más importante es la zona, si bien hay conos en Rocha, Paysandú, Salto y Tacuarembó, esta es la concentración más grande de este tipo de estructuras. Estas dos zonas distan más o menos un kilómetro una de la otra y según los relevamientos hay más de cien estructuras en esta parte», explicó la arqueóloga.

Para conocer de cuándo datan aproximadamente estas estructuras, la científica «seleccioné estas cinco estructuras en forma de cono. Lo que utilicé fueron líquenes, que son organismos simbióticos de un hongo y un alga, que crecen sobre las rocas, en este caso se llaman líquenes costrosos porque crecen en forma de costra. El crecimiento es circular, el diámetro se va ampliando con el paso del tiempo, generan un crecimiento que es bastante homogéneo y se puede conocer la velocidad a la que crecen. La forma de conocer esa velocidad es buscar estos mismos líquenes en estructuras que ya conocemos la edad, entonces estuve en algunas canteras que habían sido abandonadas, una hace cincuenta años, en otra que había sido abandonada hace cien años. Uno de los conos que había sido cortado hacía diez años eran líquenes chiquitos y una tapera que tenía una inscripción de 1780 y pico era donde encontré los líquenes de mayor tamaño, también estuve en el cementerio de Solís de Mataojo y las lápidas que tienen la fecha exacta y que muchas veces son construidas en piedra ayudan porque también crecen líquenes. A partir de esos datos y fechas construí una curva de crecimiento que me muestra cómo los líquenes van aumentando el tamaño», reseñó.

Elena Saccone, foto gentileza Gabriela Umpiérrez

«Volviendo a los conos, apliqué esta curva para saber con los líquenes de mayor tamaño que tenían los conos de qué edad aproximadamente podrían ser. Esta técnica de datación permite conocer una antigüedad mínima, eso quiere decir que pueden ser previos, no posteriores a esa fecha. Para los cinco conos las fechas que me dio esta técnica fueron entre 1774 y 1821, en un período más o menos cincuenta años habrían sido construido todos y sería próximo a la fundación de Minas», explicó la experta.

Saccone mencionó que existe variedad dentro de estas estructuras, pero la dificultad a la que las arqueólogas se enfrentan es que estos conos se han ido degradando y destruyendo, por lo que no es fácil saber a qué forma corresponde. Tal como los anillos, probablemente tienen diferentes usos, sin embargo no se encuentran en los puntos de mayor altura de los cerros.

La científica sostuvo que es fundamental la realización de un mapeo de estas estructuras a través de la geolocalización, contabilizarlos y que haya un registro en forma detallada para llevar adelante un proyecto de investigación arqueológica.

Posteriormente a la charla, la integrante de la Comisión de Patrimonio Departamental, Glenda Hernández, expuso el libro para niños que escribieron las arqueólogas, que se encuentra agotado, denominado «Más cerca del cielo». Al finalizar la presidenta de la Comisión, la edila Alda Pérez, agradeció a las científicas por su valioso aporte. 

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