09.09.2024 Edison Llambí: «He sido un hombre feliz, la actitud positiva abre puertas»
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Por Karina Núñez
Nuestra historia de vida, seguramente si son de Minas lo deben haber cruzado alguna vez, fue muy querido en su lugar de trabajo el Banco República durante más de 30 años, el portero que recibía a aquellos que iban a hacer sus trámites, amable, simpático, buscando siempre una solución para todos, a veces somos reacios de hacer trámites en los bancos, nos cuesta, no entendemos, pero él estuvo allí por muchos años, fue querido por todos, siempre con su mejor versión tratando de dar una mano.
Además muchos lo conocen por el ciclismo, amante de las bicicletas, una pasión desde niño, y hoy a sus 64 años dedicado a hacer lo que le gusta, tener su pequeño taller, acompañar a sus hijos en la vida, a su esposa y nieta y además un coleccionista de antigüedades de las cuales, tiene las historias de cada cosa que lo acompañan.
Cuenta con recuerdos de su familia en algunas de las cosas que tiene en exposición, pero también tiene otras de personas que han decidido donarlas pero que también conoce su historia, abierto a todos aquellos que quieran conocer desde un antiguo reloj, bicicleta, libros, revistas, o artefactos que fueron usados con muchos años y cariño por personas de nuestra sociedad.
SU VIDA
Edison Ernesto Llambí Asensio nació el 28 de mayo de 1960, llegando al hogar de sus abuelos quien junto a una tía y padrino hicieron el mejor lugar para crecer.
No creció con su mamá por cosas de la vida y su papá falleció muy pronto en un accidente, sus abuelos hicieron un gran trabajo y es un hombre agradecido a la vida por la crianza que le dieron y los lindos y felices momentos que fue su niñez.
Vivían en la zona del Paso de la Azotea, en un rancho de barro y de paja, «una pobreza total, pero con dos cuadras y media de chacra, de lo que se vivía».
Concurrió a la escuela 11 del Barrio Estación, y recuerda que hubo un año que tuvo cero falta, hacía cinco kilómetros todos los días para llegar al centro escolar, atravesaba barriales, con lluvia y sol, en su hogar no había luz y el sacrificio era grande pero valía la pena.
Llambí recuerda su niñez de una manera espectacular, «teníamos libertad, entrabamos y saliamos, iban amigos a casa, se juntaban las barras y pasabamos jugando, divirtiéndonos, sin duda era otra cosa».
Cuando termina la escuela, «hice algo de liceo, pero no terminé cuarto año, pero hice UTU, dos años de carpintería que tampoco terminé. Había que trabajar, a los diez años empecé a trabajar en un taller de bicicleta de Paoli, me venía del Paso de la Azotea, iba a la escuela de mañana, a mediodía comía en la casa de un tío y allí arreglaba bicicletas viejas. Arranqué con esa pasión, me encantaba y en el ciclismo desde que tengo ocho años. Me habían comprado una bicicleta con freno de varilla y la tenía que mecanizar uno mismo, si rompías tenías que arreglarla. Después con Paoli me perfeccioné de la bicicleta de la época, y estuve un año más o menos, trabajé en la farmacia Farina de mensajero alrededor de tres años, tuve muy buenos compañeros de trabajo, estaba un gran tipo que era Abel Estévez, que me enseñó y era el que nos organizaba. Durante un tiempo trabajé también en el taller de Rastoil Correa con las bicicletas, me mantuve ganándome la vida por todos lados. Era la cultura que había, la educación que te daban, al igual que un gran tipo que fue mi tío, el ‘Toto’ Llambí que me encaminó en la vida y me brindó mucho para continuar».
EL AMOR Y LA FAMILIA
Cuando le preguntamos cuándo llega el amor a su vida, nos dice «hace cuarenta y un años», conoció a Rita Agesta, su esposa y madre de sus dos hijos en la casa de unos amigos en común, «ella era sobrina de ellos y era la época donde se hacían bailes de lluvia, con el viejo querido tocadisco. Luego íbamos al Centro Democrático, donde los bailes eran una cosa de locos, no te dejaban entrar si no ibas de Mocasín», recuerda.
Estuvieron de novios tres años, hasta que deciden formar una familia, «alquilamos una casa en calle Ellauri, ya había empezado a trabajar en el Banco República y después llegaron los hijos Gonzalo de 37 años hoy y Natalia de 30, orgullo para ellos, y hoy una nieta hermosa llamada Francesca de 4 años».
EL BANCO REPÚBLICA
También quisimos saber cómo ingresó al Banco República, por lo que nos cuenta que «un amigo Duval Ramos, me comentó que había unas vacantes para portero en esa época, para auxiliares de limpieza y nos pagaban por día.
En aquel entonces no teníamos derecho a nada, más que por día, eras como un zafral, pero si cumplías mil jornales, el banco automáticamente veía la conducta que tenías y quedabas. Estuve treinta y nueve años trabajando en el Banco República, conocí y aprendí mucho, socialice y traté con mucha gente».



LA RETIRADA
«A los 62 años el Banco te jubila obligatoriamente, te manda una cartita que dice ‘muchas gracias por los servicios prestados’. Debo reconocer que cuando llegó el momento de jubilarme sentí nostalgia, porque así soy, pero uno debe tener la capacidad suficiente para ver cuando cumpliste un ciclo. No es lo mismo tener 20 años que tener 50 o más, hoy ya hace tres años casi que me jubilé y ahí arrancó otra vida, sin horario, trabajando para mi, sin corbata y sin camisa blanca».
LO QUE ME GUSTA
«Hoy estoy haciendo las cosas que me gusta, soy coleccionista de antiguedades, tengo motos viejas y un sinfín de cosas, hace unos 10 años más o menos comencé a coleccionar y tengo un pequeño museo, donde es mi taller de trabajo y allí tengo todo, me gusta que la gente venga a descubrir, a conocer nuestras cosas pasadas, revivir tiempos de antes, colecciono de todo, radio, relojes, motos viejas, bicicletas viejas, no me gusta vender, a veces puedo hacer algún trueque, negociar. Tengo la bicicleta de Paoli que corrió la vuelta ciclista de Uruguay, porque cuando él fallece, Rafael su hijo, me la regaló, la tengo restaurada, son cosas que me llenan el alma, me encanta tener de todo y muchas personas me traen de regalo esas cosas que muchos ya no quieren y para mí son tesoros en oro».
Nos habló mucho del ciclismo, de lo que ha significado en su vida a pesar de que nos contó que «pude correr una sola carrera,porque no tenía los medios para hacerlo, pero Gonzalo (su hijo) corre, eso me hace vivir la pasión, le doy una mano y ha obtenido grandes premios, trofeos, los que tenemos guardados y exhibidos en una repisa y que nos da grandes satisfacciones. Igualmente es importante decir que correr a nivel profesional no es algo sencillo, se necesita tiempo, entrenamiento, que a veces con el trabajo, la familia y demás se hace imposible».
Llambí cuenta con un pequeño taller donde se dedica a arreglar bicicletas y nos dice «viene mucha gente, pero ahora estoy más que nada, con temas de bicicletas viejas y no me gusta lo electrónico, hoy tienen cambio electrónico y no me gusta, estoy resistido a eso».
Recuerda que cuando Gonzalo comenzó en el tema del ciclismo con Palumbo, él empezó a darle una mano, y fue presidente del Codecam de Lavalleja, durante tres años, «salimos campeones del Este, durante dos años de corrido y tercero a nivel nacional».
«El ciclismo no tiene el apoyo que tiene el fútbol por ejemplo, acá somos el único departamento que no tenemos una pista para practicar ciclismo. La tiene Maldonado, Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo, acá tenemos que cerrar unas calles y son unos problemas bárbaros, porque tenés que impedir el tráfico y la gente no quiere, les molesta a algunos que vos cierres un domingo las calles, hay un tema de complicaciones con el ciclismo».







DESDE AHORA
Su proyecto de vida, es vivir tranquilo, «vivir hasta el día que sea, pero tranquilo, salgo a andar en bicicleta con una linda barra y tengo 64 años y hacemos hasta 60 kilómetros sin problema, en bicicleta montaña y bicicleta de ruta a veces salgo también. Salgo a travesías de moto también, porque me gustan las motos», afirmó.
Nuestro entrevistado nos afirma que ha sido un hombre feliz, «como todo en la vida con altibajos, algo normal de la vida misma, porque problemas tenemos todos, pero no me gusta el quejómetro, para mí eso nunca existió, eso mata a la gente, la gente entra en esa rosca y no salen más. Todos tenemos penas, dolores, pero la vida trata de otra cosa y así quiero vivir», finalizó.
