Empatía y solidaridad
Por Karina Núñez
Hace algunos días, a través de redes sociales, se dio a conocer una historia de solidaridad en nuestro departamento, vinculada a la ayuda brindada a una joven con discapacidad motora.
En ese marco, Waldemar Benítez fue consultado por Diario La Unión para detallar las gestiones realizadas y el proceso que permitió mejorar la calidad de vida de Emilia, una joven de 25 años que padece una afección degenerativa en sus pies y necesitaba con urgencia una silla de ruedas adecuada.
Según relató Benítez, la historia comenzó el 5 de octubre del pasado año, cuando, en el marco de una actividad por el Día del Patrimonio en Minas y Zapicán —organizada junto a la Comisión de Patrimonio y su presidente Martín Frachia—, conoció a Emilia y a su madre, quienes le plantearon la situación.
«Me comprometí a tratar de ayudarla, a mover contactos a nivel departamental o nacional», explicó.


Gestión
A partir de ese momento, inició una serie de gestiones que incluyeron el contacto con la directora Nacional de Discapacidad, Susana Muñiz, con quien pudo canalizar la solicitud.
Benítez señaló que la joven llevaba cerca de cuatro años atravesando trámites burocráticos a nivel departamental, con múltiples derivaciones médicas y sin respuestas concretas. «Le hacían dar mil vueltas, con mucho papeleo y sin soluciones», expresó.
Si bien Emilia contaba con una silla de ruedas donada anteriormente por el Club de Leones de Batlle, la misma ya no se adecuaba a sus necesidades actuales, por lo que era imprescindible contar con un nuevo equipo.
Gracias a las gestiones realizadas, en menos de un mes se logró concretar la entrega de una nueva silla de ruedas, enviada desde Montevideo. El equipamiento llegó a la oficina local y posteriormente fue remitido a la localidad donde reside la joven.
«El trámite fue bastante rápido una vez que se pudo destrabar a nivel nacional», destacó Benítez, quien además colaboró en la gestión de otros insumos necesarios para Emilia.
Solidaridad
Finalmente, remarcó que su accionar fue motivado únicamente por una vocación solidaria. «Lo hice de todo corazón. Me gustaría poder seguir ayudando a más niños y jóvenes con discapacidad, aunque no integro ningún organismo público», afirmó.
La historia, que se viralizó en redes sociales a partir de una imagen compartida por la familia, refleja no solo la importancia de la empatía y el compromiso individual, sino también las dificultades que muchas personas enfrentan en el acceso a recursos esenciales.
