El 26 de agosto se celebró el Día Internacional del Actor.

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gabriela umpierrez

Natalia Pargafabricio beretagabriela umpierrez

Natalia Parga, Gabriela Umpiérrez y Fabricio Beretta, amor por el teatro.

Desde hace muchos años, los actores han tenido la capacidad de transmitirnos emociones, transportarnos a diferentes épocas y lugares incluso algunos desempeñan tan bien su papel, que se han ganado el amor y odio de sus admiradores. Pero ¿Por qué se celebra el día del actor? Pues para entender un poco de qué se trata, regresaremos el tiempo hasta el siglo III. Según la leyenda, el actor Ginés de Roma que era muy popular en la época, fue invitado para representar una comedia frente al emperador Diocleciano, a Ginés se le ocurrió parodiar el sacramento del bautismo pero sucedió algo inesperado, pues cuando recibió el agua fue convertido al cristianismo, lo que muchos consideran un milagro, pues mientras ejercía su profesión encontró a Dios, lamentablemente tiempo después por defenderlo encontró el martirio y la muerte. Fue decapitado en el año 286, pero esta fecha quedo para recordar al Santo de los actores.

Con motivo de esta fecha tan importante, Diario La Unión dialogó con actores minuanos, en primer lugar, Natalia Parga expresaba que “Es un honor ser parte de algo tan lindo como es la actuación. Más allá de ser una pasión, que creo en la mayor parte de los casos es a pulmón, lo disfruto cada minuto, en cada personaje, en cada obra. Y por eso está bueno tener un día en el que se reconozca nuestra vocación”. Con respecto a la falta de apoyo en este medio, Parga dijo que “No solo a los actores, a la cultura en general, le falta muchísimo apoyo y no solamente hablo de apoyo económico, sino que también falta de compromiso y seriedad respecto al arte”. Referente a su futuro Natalia Parga señaló “Poder superarme, enriquecerme como actriz y por sobre todas las cosas como persona. Seguir aprendiendo, y por qué no algún día poder vivir de lo que amo y disfruto hacer”.

 

Por otra parte, hablamos con Fabricio Beretta, quien dijo que “Hay quienes imaginan mundos y situaciones extrañas y las escriben. Estas historias de drama y comedia, llegan a ser obras, para ser representadas por actores. Somos los actores los que revivimos esas historias y les damos vida a los personajes imaginarios en situaciones extrañas y en lugares fuera de lo común. La cuestión en esta profesión es «jugar», un ejemplo de ello son los niños y su facilidad para pasar de ser un médico a un astronauta en cuestión de segundos en sus ratos de ocio. Por eso los actores jugamos y disfrutamos estas representaciones. La capacidad que algunas personas tienen de transformarse totalmente en alguien que no es, física y emocionalmente, es una habilidad que nos hipnotiza y nos deslumbra. Por esto y mucho más, ser actor y transmitir vivencias de la imaginación ajena es algo que reconforta. Y más aún cuando en un teatro recibimos la ovación del espectador. Feliz día del actor” finalizó.

Para finalizar, dialogamos con la reconocida actriz Gabriela Umpiérrez, quien señalaba que “Día Internacional del Actor, día de teatro, día de escenario, de poner el alma en las tablas en entrega total. El telón da paso al otro ser que nos acompaña desde nuestro yo interior y que cobra vida en cada personaje. El actor se juega el alma en cada interpretación, su piel trasciende contornos para alcanzar la piel de tantos, del autor, de los personajes, de los espectadores;  la vida se transforma, metamorfosis…

Mientras giro en el escenario siento la levedad del éter… mi mente viaja en el tiempo, recorre el calendario en sentido inverso hasta llegar a la Antigua Grecia donde un carro recorre las calles con la estatua de Dionisos, divinidad de la fecundidad, la vegetación y la vendimia, mientras los ciudadanos danzan, se disfrazan y se embriagan. Los trasgos, danzantes que representan a los sátiros al tiempo que bailan  salmodian algunos textos, el ditirambo.

Esa foto imaginaria de los orígenes del teatro en la cuna de la civilización occidental impregna de mística mis movimientos en escena,  siento que de alguna manera todo el pasado vive en el escenario, cada tragedia, cada comedia, cada drama revive las “grandes dionisíacas del siglo V AC”. El ensayo continúa y mis movimientos se acompasan al libreto pero mi espíritu inquieto sigue atisbando por las rendijas del tiempo…

Desde un punto lejano en el espacio divisa una representación teatral en la Roma de Diocleciano en el siglo III, una parodia, un actor llamado Ginés interpretando en tono burlón el sacramento del bautismo. Me concentro otra vez en el libreto, pero mi recuerdo captura el momento en el que al  interpretar Ginés el acto del bautismo sucedió un milagro. Al recibir el agua, Ginés milagrosamente  se convierte  al catolicismo y expresa creer firmemente en la fe de Cristo. Le veo pasar de la afirmación a la exhortación al público a recibir el sacramento y siento su dolor por la tortura y decapitación que padeció como consecuencia de su autenticidad…Así Ginés se convierte en el santo teatral que interpretando una ficción encontró una verdad, y por defenderla encontró el martirio y la muerte”.

Seguidamente, Umpiérrez decía que “La música cambia el ritmo… comienza el segundo acto… diálogos, movimientos, corridas,  risas y llantos…No hay mayor magia que el escenario, arriba del escenario los sueños se hacen realidad y las realidades, sueños imposibles…

Doce años transitando por este camino insospechado que es el escenario… Doce años que al hacer su balance  me he dado cuenta que el teatro, literalmente,  me «salvó» la vida más de una vez. Teatro, un camino que implica entrega con pasión y sensibilidad que recorro en compañía de ilusiones,  fantasmas, miedos y utopías , que me ha dejado ver que el encuentro más honesto que he tenido conmigo misma es en escena, bajo la piel de un personaje, porque cada personaje habita en ti, es parte del actor en la escena y más allá de ella…Actuar para mí es una necesidad total, es desconectarme de mi misma, libera el alma dormida, mi esencia sale a flote, me redimo experimentando la magia de lo increado, un  nuevo mundo que se corporiza en la creación de cada gesto, cada acción, cada palabra y cada silencio.

Pienso, digo, siento;  vivo…. vivo la nueva vida, la que se está plasmando  arriba del escenario, en donde entran en una lucha interna y batalla  continua  el actor y su creación  para doblegar inseguridades y liberar con éxito la guerra por una  creación magistral.

Hacer teatro entraña un ritual que nos transporta fuera de la cotidianeidad,  hacer teatro implica “estar fuera del mundo”, hacer teatro nos lleva por algunas horas fuera de la tierra, a un lugar especial donde tienen cita los soñadores, los locos y los artistas… En el teatro  todo recobra un sentido sagrado, vestirse, maquillarse, peinarse; no falta tampoco ese ejercicio secreto que en lo personal fui desarrollando durante estos años para eliminar los nervios, las tensiones y la ansiedad. Escucho la música de preludio, cierro los ojos y me miro desde afuera, primero de frente y después desde algún ángulo en la sala para descubrirme mejor”.

Para fianlizar, Gabriela Umpiérrez expresaba que “Cuando el actor sale a escena lleva un resplandor consigo que no proviene de lo mundano sino de una luz que se trasluce y que resurge desde el yo profundo… Una luz interior formada por la pasión y por la confluencia de un montón de cosas más… entre ellas, y me quiero detener en ésto, por esas personas que están esperando que él hable en su lugar, esas personas que lo siguen con la complicidad de saber lo que hizo y por qué lo hizo. La vocación del teatro es como toda vocación, nos hace andar caminos encendiendo la luz de nuestra realización personal pero cuando esa luz enciende fueguitos en los que nos rodean y hace cosquillas en el alma, entonces, nos hace realmente FELICES y podemos decir “nuestra tarea está cumplida”. Pero también no debemos olvidarnos que los seres humanos somos nuestro ser y su circunstancia y una parte muy importante de esas circunstancias, además de nuestra familia, lo constituyen aquellos que nos dieron las herramientas para hacer nuestro camino… en mi caso, por este hermoso camino que es el teatro y eso implica mi afecto profundo y leal y el reconocimiento a directores y docentes que con su aporte han contribuido al tallado de la obra que aspiro a ser…

Sigo moviéndome por el escenario,  finaliza el último acto, baja el telón, saludo… y al saludar traigo conmigo la Grecia Antigua y las fiestas del dios Dionisos y a los actores de todos los tiempos y lugares en homenaje a su día, traigo conmigo todos mis personajes y todos los rostros que han hecho posible mi presente y harán posible sin lugar a duda mi futuro. Pido a dios que siempre mantenga en mí hasta el día de mi muerte esta pasión que me define y que me permite canalizar todas las voces y sentimientos que pueblan el éter… Pido a Dios que a lo largo de mi vida pueda seguir escuchando por infinitas veces la consabida frase que pone luces en mi vida,  «ARRIBA EL TELÓN”. Ha sido mi palabra” fianlizó.

Para aquel que piense que esta profesión es fácil, está muy equivocado. Se requiere mucha dedicación; es increíble la capacidad que tienen para transformarse en otras personas, que pueden como que no tener algo en común con ellos. Por ese gran compromiso ¡Feliz día del Actor! porque se lo merecen.

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