Juan Moreira: una vida sencilla, de trabajo y de crecer sin dejar de ser quien es

0
Juan Moreira

Por Karina Núñez

Hay personas que no aparecen en grandes titulares, pero que forman parte silenciosa del entramado de una ciudad. Personas que crecieron entre vecinos, trabajo, esfuerzo y sueños sencillos.

La historia

Juan Moreira es uno de esos nombres que para muchos en Minas resultan familiares.

Nació el 7 de noviembre de 1974 y lleva más de medio siglo construyendo una historia profundamente ligada a su lugar. Criado en la zona de la Rambla, junto al arroyo San Francisco, pasó gran parte de su infancia en un rincón de Minas que hoy ya cambió, pero que en su memoria sigue intacto.

«Vivimos 30 años ahí, pegados al lavadero municipal», recuerda con una mezcla de nostalgia y cariño. En aquella época, el lugar era más que un espacio físico, era punto de encuentro, de familias, de vecinos y de historias compartidas.

Juan creció junto a cinco hermanos, en una familia donde el trabajo y el día a día marcaron el rumbo desde temprano.
Cursó toda la escuela en la Escuela Nº 1 y admite, entre risas, que estudiar nunca fue lo suyo. Sin embargo, terminaría completando esa etapa de noche, mientras ya empezaba a abrirse camino en el mundo laboral.

Su infancia fue la de tantos niños de antes, tardes de fútbol, trompo, bolitas y partidos interminables en la Rambla.

También quedaron amistades que marcaron para siempre. Entre ellas, recuerda especialmente a Fabián Charquero, compañero de crianza cuya partida dejó una huella profunda.

A los 15 años comenzó a trabajar. Primero como pintor junto a Edgardo Aviega, experiencia que se extendió durante varios años. Más adelante fue repartidor en una fábrica de pastas. El trabajo apareció temprano y, desde entonces, nunca dejó de ser una constante en su vida.

Cuando llega el amor

Pero si hay un momento que recuerda especialmente es cuando apareció el amor. Fue también en la Rambla, durante un festival que se realizaba allí por primera vez. Entre la gente y la música conoció a Carolina.

Lo que comenzó como una conversación terminó convirtiéndose en una historia de más de tres décadas juntos. Hoy llevan 31 años compartiendo la vida y construyeron una familia con sus hijos Yamila, Stefani, Tatiana y Kevin Joel.

Cuando habla de ellos, Juan cambia el tono. Aparece el orgullo. «Lo que más feliz me hace es ver cómo progresan mis hijos». Y después sonríe.

Protagonistas de su vida

Aunque reconoce que desde hace un tiempo apareció alguien que le robó parte del protagonismo: su nieto Gael.

Hablar de la familia también lo lleva a destacar el papel de Carolina. Sin buscar protagonismos personales, Juan insiste en reconocer el trabajo silencioso que muchas veces sostiene el hogar mientras otros salen a trabajar.

La historia laboral

Su historia laboral siguió sumando etapas.

Pasó por el Batallón de Infantería Nº 11 y más tarde ingresó a la Intendencia, donde encontró un camino que terminaría siendo de largo recorrido.

Durante diez años trabajó como zafral hasta consolidarse en el área de vialidad, donde hoy acumula más de dos décadas de experiencia.

Pero además del trabajo diario, decidió involucrarse en otro desafío, la representación sindical.

Actualmente integra la directiva de ADEOM, una tarea que describe como difícil, exigente y muchas veces poco visible.

Reconoce que el rol implica resignar tiempo familiar y también asumir responsabilidades que muchas veces se trasladan más allá del horario laboral.

Sin embargo, sostiene que vale la pena cuando el objetivo es acompañar y defender a los compañeros.

Juan habla del respeto, del diálogo y del compromiso como valores centrales.

Dice que nadie tiene todas las respuestas y que construir entre todos sigue siendo el camino.

Quizás ahí esté una de las claves de su historia, la de un ciudadano común, nacido y criado en Minas, que nunca dejó de trabajar, que aprendió sobre la marcha, que formó una familia y que sigue apostando a crecer.  Sin grandes discursos.

Con la convicción tranquila de quien entiende que avanzar no siempre es llegar más lejos, sino seguir caminando sin perder de vista de dónde uno viene.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *