18.03.2020 Cómo superar el impacto emocional del Coronavirus

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Menos gente transita en la calle por el coronavirus

Menos gente transita en la calle por el coronavirus.

Por Karina Núñez

El coronavirus nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo.

Sin embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también. Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos vivido. Debemos afrontar el problema con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar. Reconocerlas nos ayudará a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias.

«LOS SERES HUMANOS ACTUAMOS DE DIFERENTES MANERAS»

La psicóloga Ana Laura González, explicó que «al ser una situación sumamente desconocida como cualquier crisis de salud que implica lo social, económico, vincular, afecta también eso, frente a algo nuevo y desconocido, por lo que las personas actuamos de distintas maneras».

A veces frente a la misma situación las personas actúan de manera totalmente diferente, por lo que explicó que «es así por como somos los seres humanos y frente a estas noticias donde se habla de un supuesto riesgo de enfermedad y riesgo de vida en algunos casos actuamos de diferentes maneras y aparecen diferentes emociones, el miedo, el pánico si se quiere. Por lo que frente a estas situaciones hay cosas que son saludables que aparezcan y otras que no están muy buenas».

«El miedo es como un sentimiento esperable ante una situación desconocida, es esperable que aparezca, pero cuando ese miedo aparece en forma desmedida, hace que nos pase varias cosas, por ejemplo algunos toman la medida desmedida de ir a hacer compras compulsivas sin ver las consecuencias que eso puede acarrear, como también están los otros que el tener miedo los hace perder todo contacto con el exterior.

Muchas veces también nos hace estar alerta y estar atentos de las cosas que nos va sucediendo frente a estas situaciones», explicó la profesional.

EL OTRO EXTREMO

A su vez, dijo que muchas veces se da el extremo de no tener miedo en absoluto, lo que puede referirse a no tener conciencia de los riesgos, y eso tampoco es saludable, porque no sólo no piensa en él sino que tampoco piensa en ser solidario con el resto de las personas.

González señaló que «el equilibrio sería lo ideal, aunque sabemos que no existe, pero hay ciertas estrategias a tener en cuenta.

Es muy importante tener la precaución de evitar la sobre información, ya que todo el tiempo y con la conexión existente de hoy en día todo el tiempo recibimos mucha información al respecto, por lo que la sobre información no es sano. Por eso se recomienda a las personas a que una o dos veces al día pueda informarse y siempre teniendo en cuenta los medios oficiales del Estado.

Otras de las cosas es acatar las medidas sanitarias que nos indican los encargados de salud del país y el gobierno».

SENTIMIENTO DE NEGACIÓN

La profesional indicó que «otras de las emociones que se tiene en estos casos, que es como lo decíamos desconocido para nosotros es el sentimiento de negación, negar la realidad y hacer como que no pasa nada, porque a veces el aceptarlo da mucha angustia  y es más fácil negarlo y ahí es cuando aparecen las conductas irresponsables como salir de compras, paseos y demás».

CONSEJOS SALUDABLES

Se reitera siempre que la sobreinformación puede generar muchísima ansiedad. Para cuidarnos, evitaremos estar con la tele encendida todo el día escuchando noticias sobre el coronavirus.

Sólo nos informaremos en un momento concreto del día que hayamos elegido previamente.

Pueden ser los informativos de la mañana, de la tarde o de la noche, lo que nosotros queramos, pero solo una vez al día.

El resto del día estaremos ocupados haciendo actividades que no estén relacionadas con este tema.

Debemos centrarnos cognitivamente no en que no nos dejan salir, sino en que, gracias a nuestro sacrificio personal estamos haciendo un bien para los demás y la sociedad.

Que estamos haciendo algo que es esencial para el bien común.

Enfocarnos en que, aunque es difícil, quedándonos en casa estamos salvando vidas, Limitar el tiempo que pasamos conectados a la tecnología, buscar actividades manuales y formas de pasar el tiempo separados de las pantallas, buscar formas de actividad física que podamos realizar en casa.

Reunirnos entre todos y tomar conciencia de las dificultades que pueden suponer estos días

a nivel psicológico.

Hacer un «acuerdo de paz», mediante el cual,  vamos colaborar y a apoyarnos los unos a los otros, esforzándonos en hacer la vida más llevadera a los demás durante este tiempo.

El consejo de mantener un horario y una rutina es fundamental. Por ejemplo: por la mañana hacemos los deberes, después de comer vemos la tele o jugamos con tecnología y por la tarde aprovechamos la situación para hacer actividades especiales en familia.

Los niños deben comprender porqué no debemos salir de casa: no por el miedo a contagiarnos, sino porque de este modo estamos protegiendo a personas de salud frágil.

Hacerles entender que estamos haciendo un acto lleno de valor y sentido trascendente.

Bellísima reflexión del psicólogo F. Morelli, que circula entre nuestros queridos vecinos italianos

«Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar…

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando…

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquellos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquellos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a caro precio.

(Cit. F. MORELLI, traducido al español)

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