19.08.2024 Christian Cesarino: «Dios me ha dado una segunda oportunidad de vida»
Por Karina Núñez
La vida no siempre es como la soñamos, a veces no llegamos con un pan debajo del brazo, pero por lo general y con la gracia de Dios, se dice que se nos da oportunidades.
Esta es la historia de un joven que hoy tiene 37 años, que es oriundo de Montevideo, pero desde hace un tiempo vive en nuestra ciudad.
Muchos quizás lo podrán conocer, simpático, conversador y con unos lindos ojos brillantes, con ganas de vivir y sobre todo de demostrar que se puede salir adelante a pesar de haber cometido un montón de cosas en la vida y tomar caminos oscuros.
Cristian está orgulloso de lo logrado, es feliz sabiendo que sus hijos están bien, lo que a veces por sus actitudes, o por malas decisiones no ha podido estar el tiempo que quisiera con ellos, disfrutando su niñez y dejando lindos recuerdos.
Pero la verdad de esta historia, es que buscamos como siempre, que sea un aliento para aquellos que quizás no ven una salida, la vida da oportunidades y cuando es así, sólo hay que aprovecharlas.
UNA HISTORIA DIFERENTE
Christian Michel Cesarino Rodríguez nació el 12 de enero del año 1987, su vida no fue desde el inicio lo que a cualquier niño que llega al mundo le hubiera gustado, pero a veces la vida tiene cosas inexplicables.
Nuestro entrevistado nos cuenta cuando le preguntamos cómo era su hogar cuando llega a la vida y nos dice «aunque te parezca mentira, mi mamá me vendió, tenía dos años, me vendió a mi madrina, que era una tía de ella y vivía en el Cerrito de la Victoria, hoy ya fallecida. Mi madrina me quería muchísimo y mi madre, apretada por la plata, dijo, ‘bueno, te lo vendo’. Y fue una plata grande, unos ciento y algo de miles de pesos uruguayos y me vendió. Mi madrina me llevó con ella al Cerrito de la Victoria, a Cordón, al Barrio Palermo, después fuimos a Rivera porque le tocó estar de inspectora en el Hospital de Rivera. Mi madrina es mi mamá y la tengo tatuada en el brazo, murió con 90 años, cuando yo tuve un accidente muy grave y no aguantó sin mí. Mi niñez no fue la mejor, pero mi madrina me dio todo, pero es cierto que mi padre no estuvo conmigo tampoco, no me crió y a mí me gustaba mucho el fútbol y comencé en Plaza de los Bomberos de Barrio Centro en Montevideo con 8 o 9 años.
Después también mi madrina me llevaba una o dos veces a la semana a jugar, empecé a crecer, fui a la escuela José Pedro Varela, en la calle Guayabo y Gaboto, en Montevideo. Me fue muy bien, después fui al liceo, hice primero, segundo, tercer año, en el liceo 5 en la calle Joaquín Requena y Maldonado, cerca de la seccional 5º. Después empecé a entrenar en la séptima división de de fútbol, me encantaba, simplemente que nunca tuve un apoyo familiar, no voy a mentir, ni mi viejo, ni mi vieja biológica, sino la que me pagó por plata, la que me daba todo, me llevaba a la escuela y dio todo por mí, pero no era mi sangre, ni familia real».



EL AMOR
Pasado el tiempo, Christian cuenta «luego me fui a vivir con Estefany, la madre de mi hija mayor. Viví un montón de cosas maravillosas en mi vida, me fui enamorando mucho de ella y cuando me enteré que estaba embarazada, fue el momento más feliz de mi vida. Milagro Jazmín se llama y hoy tiene 15 años, lamentablemente no la veo como quisiera, y el que me partió el corazón fue que no me invitaron a su fiesta de los 15. Mi hija pelea por estar a mi lado y soy un papá presente, pero a veces los mayores tomamos malas decisiones y parece no importarnos los hijos. Por suerte la sigo viendo, a mí me llenan de orgullo mis hijos, también tengo varoncito de 9 años el que también es la luz de mis ojos y que se llama Fabricio Ezequiel».
LA PUERTA DE INGRESO A LAS DROGAS
Cuando consultamos a Christian el porqué ingresa a la vida de las drogas, nos dice «me sentí muy solo, aunque no le he hecho la culpa a la soledad tampoco, porque sería de poco hombre decir que busqué una excusa para drogarme. Sinceramente me drogué porque lo hacía como una diversión. En aquel entonces trabajaba en la noche, empecé a tomar cocaína, consumí marihuana, pero me interesaba ir un poquito más avanzado y conocer la cocaína. Luego de conocer la cocaína también me llamó la atención la pasta base y fue cuando empecé perder mi entorno familiar, se iban alejando de mí, la gente la cual yo apreciaba, se alejaba, no podía detenerme a observar nada en mi vida, ni el fútbol, que era lo que me encantaba. En realidad era por ir tras la droga. Quise buscar una ayuda en doctores, psiquiatras, pero ellos te dan medicamentos, te cambian una droga por otra. Tuve un par de años drogándome, pero, nunca le falté el respeto a nadie, a mi familia tampoco, no robé nunca a un vecino, de repente vendía cosas mías, pero no molesté a nadie».
CUANDO TOMAS EL MAL CAMINO
Esta historia de vida, nos hace reflexionar sobre los caminos y las decisiones y también nos cuenta que «estuve preso en la cárcel del Comcar, fue ilógico, pero salí a delinquir un día, entré a un Abitab y vi que había plata, y me quise llevar la plata. Y me llevé la plata, lo que me encontraron. No me dio vergüenza admitir a la policía que era yo el que había robado, se que perdí, y fui al Comcar, y estuve preso y pague por eso. Mi intención no era robar para drograrme, lo que realmente quería era llamar la atención de gente que de repente me interesaba estar en el ambiente del malandraje. Cuando robé, debo admitir que siempre lo hice solo, y eso también porque entendí que los amigos son para cuando uno tiene plata, al igual que la falopa, si la tenés, los amigos te rodean, sino no hay nadie para darte una mano. La droga es un vicio que va pasando de generación en generación, nunca se termina porque es un negocio, a nivel mundial».
Christian nos dice que «estuve preso dos años y medio, fue un clic en mi vida sinceramente, pero tampoco tuve miedo, pero reconozco que estuvo mal, muy mal, y si le hice daño a alguien, pedí perdón, seguí adelante y enfrente a la sociedad, la que no es fácil volver. La cárcel es un mundo diferente al de acá afuera y si vos entras en el mundo de la cárcel, vas a quedarte con el verbo tumbero, y posiblemente puedas regresar».
«MI VIDA CAMBIÓ»
«En mi caso sé que estuve mal y busqué cambiar para salir adelante, trabajando y buscando poder ayudar a otra gente y lo hice con la ONG Remar, desde hace siete años y medio, donde mi vida cambio. Hoy en día soy una persona que estuvo en Remar mucho tiempo y me ayudaron mucho, porque la ONG Remar es una ONG no gubernamental que ayuda a que tengas una nueva reinserción social. Al marginado lo ayuda, y fue una salvación, hoy en día estoy trabajando por mi cuenta, pero conocí este departamento gracias a la ONG Remar. Cuando decidí embarcarme en mis propósitos, fue porque me sentía con el ánimo de comenzar una nueva vida y que gracias a los años que estuve en Remar, y que me dio un confort, una tranquilidad, una paz, hoy puedo vivir de mi trabajo. Soy un emprendedor personal, me ocupo de ir a buscar mi material a Montevideo, vendo en los semáforos del Parque Rodó y realmente me va muy bien, y sobre todo, me di cuenta que tengo principios, tengo valores y tengo algo que no quiero perder, que es la humildad».
«NO QUIERO PERDER ESTA OPORTUNIDAD»
Nuestro entrevistado admite que está apostando a una felicidad 100%, «creo que voy por el buen camino y eso me ayuda».
Hace ocho años que Christian no consume, «no fumo cigarro tampoco, no consumo nada, pero no quiero porque sé que ese no es el camino».
«El Facha» como le dicen muchos, ha tenido varias oportunidades en la vida y no quiere desaprovecharlas, primero tuvo una nueva oportunidad de vivir, cuando tuvo un accidente donde un ómnibus lo embistió y durante muchos meses estuvo en CTI, luego en silla de ruedas, con sonda, con más de 10 medicamentos al día, donde nadie daba un centavo por su vida, sin embargo salió adelante, y se recuperó, comenzó a caminar, a hablar y a vivir nuevamente, pero siguió por un camino equivocado, las drogas y la delincuencia.
Hoy no quiere fallar, ni quiere fallarle a Dios, su vida debe ser diferente, él lo sabe.
EL MENSAJE
Y dejó un gran mensaje para los jóvenes principalmente, porque dijo «estoy contento y feliz, porque la vida me dio una nueva oportunidad y quiero contar a través de este testimonio que la droga no es un vicio para matar personas, la droga es un vicio que te mata si lo agarrás».
Como dice Martín Quiroga el cantante de plena, «la droga es rica, pero es asesina».
«Pero se puede salir, soy un testimonio de eso, solo que hay que quererlo, porque si no querés salir de la droga, la droga no te suelta. Solo le digo a la juventud no esperen a perderlo todo, perder la casa, que la familia no los quiera más, que tengan que ir a un ONG, que tengan que terminar presos, busquen ayuda, busquen a Dios, hay que tener fuerza de voluntad».
