19.02.2024 Marita Hernández: el oficio de modista, jubilada municipal y el recuerdo de un campeón minuano en su vida que sigue latente

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Marita Hernández (4)

Por Karina Núñez

Llegamos a la casa de nuestra historia de vida, sin conocerla, sin saber nada de su vida, sólo que era una mujer agradable y simpática que ha dedicado parte de su vida a trabajar en el oficio de modista.

En su sala de trabajo nos atendió, su máquina de coser, el mate, la tele prendida y muchas prendas sobre la mesa las que debía terminar en unas horas.

Nos pusimos a charlar, descubrimos una madre orgullosa de sus hijos, una abuela amorosa, trabajadora e incansable, hasta que de pronto nos cuenta que había sido la esposa de Waldemar Correa, el campeón minuano del ciclismo, quien hace 33 años perdió la vida un terrible accidente de tránsito.

SU HISTORIA

Hoy nuestra historia de vida se la dedicamos a María del Verdún Hernández, pero todo el mundo la conoce como Marita. Nació el 29 de junio de 1958, en la ciudad de Minas y llegó a un hogar que estaba conformado por ocho hermanos, ella es la mayor, su mamá y su papá.

Nació en el barrio La Filarmónica y concurrió a la escuela Nº 10, cuando terminó la primaria, estudió en la UTU e hizo el curso de corte y confección.

Terminó alrededor de los 15 años, pero a los 14 «ya me largué a coser por mi cuenta, porque éramos muchos en casa, había que ayudar, soy la mayor y desde ese entonces no he parado. Siempre me gustó, aunque reconozco que estoy un poco cansada, ya tengo muchos años. Además tengo un nieto en Montevideo que me tira muchísimo, estoy jubilada de la Intendencia desde hace unos años y debido a eso voy seguido a Montevideo. Durante 8 años trabajé en Montevideo por la intendencia, pero después que me vine, nació mi nieto y por eso voy seguidísimo».

Recuerda que en su oficio, «primero empecé con arreglos y a pesar de que hice tres años, no pude aprender muchas cosas porque mis padres no me podían comprar telas, pero me doy idea para todo. He hecho un montón de cosas que nunca las aprendí, siempre trabajaba particular y también trabajaba para alguna tienda. Tuve unos años antes de casarme, antes del 84, trabajando en ‘Lorena Novedad’, una tienda que vendía muchas túnicas y otras cosas. Incluso cuando me casé tuve unos años trabajando hasta que llegaron mis hijos, porque a los tres años de casada tuve a mi hija y a los once meses después llegó mi hijo menor. Mis hijos son María Laura, Gonzalo y mi nieto Eugenio de tres añitos».

Marita nos cuenta que se casó con veinticinco años, enseguida llegaron los hijos, y lamentablemente a los 6 años de casada pasó lo inesperado, su esposo falleció y debió afrontar la vida sola con sus hijos y la ayuda de familiares.

Sus hijos estudiaron, hoy son contadores los dos, «divinas personas», pero reconoce que no fue fácil continuar.

Al poco tiempo de ese suceso, ingresó a la Intendencia de Lavalleja, «estuve doce años en el Hogar de ancianos, después me pasaron para el hogar estudiantil, y después me ofrecieron el puesto de encargada en Montevideo y me fui al hogar. Estuve hasta que me jubilé, estuve ocho años allá, porque mis hijos ya estudiaban y vivían en Montevideo. Cuando cumplí 60 años, me vine para Minas, pero nunca dejé de coser, cosía menos porque tenía menos tiempo. Hoy vivo en Minas, tengo a mi mamá que tiene sus años, y mientras ella esté viva y yo pueda seguir cosiendo aquí estaré, aunque seguramente después me vaya, porque me encanta Montevideo. Extrañé bastante cuando volví a casa, pero también hoy tengo una libertad increíble, no cumplo horarios, no debo pedir para faltar, entre otras cosas».

Marita en esta época está con mucho trabajo y mucha actividad, porque tiene muchos trajes de carnaval que ha venido realizando estos últimos meses, también algún casamiento y ahora se viene la época de los delantales, túnicas de niños y maestros, los que ya tiene muchísimos confirmados.

El oficio de modista, es como que ha ido desapareciendo en el tiempo, ya no existen tanto, y Marita hace muchísimos arreglos, que no todas las modistas hacen.

La clásica que coloca un cierre, cualquier tipo de dobladillo, da vuelta el cuello de una camisa, etc, y la primera máquina a pedal que recuerda era la de su mamá y después fue una máquina que se compró nueva cuando se casó.

A pesar de los años, Marita sigue el duelo, recuerda cada cosa de Waldemar, y fue algo inesperado, además en estas fechas «uno prende la televisión y lo recuerdan y homenajean».

Al preguntarle cuándo conoció a Waldemar Correa, nos cuenta que «cuando era soltera, vivía en calle Arostegui entre 18 de Julio y Washington Beltrán, pegado a la casa de Rastoil Correa y ahí lo conocí. En el año 1978 nos arreglamos, nos pusimos de novios y en el 84 nos casamos. La vida te presenta cosas inesperadas, que a veces no podés imaginar, pero hay que seguir adelante, tenía mis hijos muy pequeños, debía ser su pilar en el día a día, y hasta el día de hoy no me ven flaquear. Soy una madre orgullosa de mis hijos, y de todo lo que logramos juntos, y afrontando todo» .

A pesar de eso que pasó tan triste, Marita ha sido una mujer feliz, «tengo amigas, salimos a veces a cenar, pasamos lindos momentos juntas, vamos a la playa, disfrutamos».

Pero reconoce que a veces hablando, de pronto sale el tema de Waldemar y se quiebra, «el dolor vuelve».

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