Laura Alonsopérez: la mujer detrás del rol, la vida detrás del protocolo
Por Karina Núñez
En medio de una agenda intensa y un país que la observa con atención, Laura Alonsopérez se muestra tal cual es: sin disfraces, sin poses, con la sencillez de quien ha construido su camino desde la autenticidad. En diálogo con Diario La Unión, abrió las puertas de su historia personal y compartió cómo vive hoy un lugar que, aunque visible, sigue definiendo a su manera.
«Me siento honrada de estar aquí y reflexionar sobre mi vida y el rol que ocupo», comienza diciendo. Y esa frase resume el tono de toda la charla: una mujer consciente del momento que atraviesa, pero profundamente conectada con lo esencial.
Cambio de vida
Ser la esposa del presidente de la República, Yamandú Orsi, no es solo un cambio de escenario: es una transformación total de vida. «La política ha cambiado mi vida y la de mi familia», reconoce. Y lo dice sin dramatismos, pero con una honestidad que interpela. La intensidad del cargo es tal que, según cuenta, el tiempo en familia se vuelve escaso: «No es lo mismo ser intendente que presidente. Es un trabajo muy comprometido, full time. Prácticamente no contamos con Yamandú como padre, aunque cuando está, es de calidad».
¿Primera dama?
Detrás de esa realidad, aparece una mujer que no se victimiza, pero tampoco romantiza. Habla de los desafíos con claridad, y de la necesidad de sostenerse emocionalmente. «Quien se para en mis zapatos soy yo. Solo yo sé cómo se vive esta historia, y no es fácil», afirma.
En un país donde la figura de «primera dama» no está institucionalmente definida, Laura elige no encasillarse. Cuestiona, incluso, las expectativas históricas sobre ese rol. «En Uruguay existe la figura, pero no como tal. Muchas han intentado desarrollar programas desde sus intereses, pero a mí no me parece que tenga que ser así. Yo vengo a romper un poco esa norma», dice, con firmeza.
Y rompe, sí. Porque no se presenta desde un cargo, sino desde su identidad: madre, compañera, artista y docente. «Mi rol en la vida es ser madre de Lucía y Victorio, ser la compañera de Yamandú y seguir siendo artista independiente como lo he sido siempre».
En tiempos donde el debate sobre el lugar de la mujer sigue vigente, su postura es clara; no necesita un título para validar su aporte.
Su historia de amor también habla de raíces simples. «Nuestro amor nació en Maldonado, hace 25 años, cuando él daba clases como profesor de historia. Como toda historia, tuvo idas y venidas, momentos difíciles, pero acá estamos», cuenta, con una sonrisa que se percibe incluso en sus palabras.
Antes de la exposición pública, hubo una vida construida desde la pasión. La danza, por ejemplo, fue una vocación que nació con ella. «Yo lo traía. No venía de una familia de artistas, pero lo sentía desde niña», recuerda. Y hoy, pese a las responsabilidades, sigue encontrando en el arte un espacio de libertad.
Madre de dos hijos adolescentes, reconoce entre risas que la danza no fue heredada: «Son más del fútbol», dice, mostrando una cotidianeidad que la acerca aún más a la gente.


«Sé lo que quiero y lo que no quiero»
Pero si hay algo que define a Laura Alonsopérez es su trabajo interior. «Hace años que trabajo en mí misma. Eso me da la templanza para estar hoy acá, para saber lo que quiero y también lo que no quiero».
Una frase que no solo habla de su presente, sino de una construcción personal profunda.
Lejos de los estereotipos, su figura se planta desde lo humano. No busca ocupar un lugar impuesto, sino habitarlo desde la coherencia. Y en ese camino, se convierte, sin proponérselo, en una voz que representa a muchas mujeres reales, complejas, en constante búsqueda.
Así, entre la vida pública y la intimidad, entre el arte y la familia, Laura escribe su propia historia.
Una historia que no responde a moldes, pero sí a convicciones. Una historia que, como ella misma dice, recién empieza a tomar forma en un escenario inesperado, pero asumido con valentía.
