31.05.2021 Nelson Arrieta «Zapatero a tus zapatos»

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Por Karina Núñez

El oficio de zapatero es uno de los más antiguos y tradicionales dentro de la sociedad, dedicándose a la confección, reparación y arreglo del calzado y piezas similares. Los zapateros también desempeñan otras funciones relacionadas con el cuero, como la reparación de cinturones y la inserción de orificios o el cosido de otros objetos como bolsos.

Hoy nuestra historia de vida trata de Nelson Omar Arrieta quien nació en el barrio Las Delicias el 12 de junio de 1958 y cuando era pequeño vivió en la calle Domingo Pérez y Ansina hasta los 6 años y después se mudaron para una casa en la calle Casas Araujo y De la Llana.

Nelson recordó que «allí viví hasta que me casé que fue en el año 1978 el 14 de abril». Tiene tres hermanos, concurrió a la escuela Nº 12 y después pasó al liceo, pero comentó que no fue un alumno estudioso y por ende fue en esa edad donde nació su oficio de zapatero.

«En aquellos tiempos había que estudiar o trabajar, comencé a estudiar y como todo gurí joven y pícaro anduve mal el primer año y repetí, y ese mismo año arranqué a trabajar con un tío mío que tenía un taller de calzado en calle Roosevelt frente al Pelotaris que se llamaba Julio González, con él iba y levantaba quiniela y también aprendí el oficio. Me gusta contar que en realidad no me gustaba el oficio, lo hacía porque había que laburar, pero también trabajé en varios lugares, en canteras, en la Mina Valencia, en la Calera Lavalleja, pero nunca dejé el oficio y siempre aunque tuviera otro trabajo le daba una mano al tío», rememoró.

«EL TRABAJO SIEMPRE DEBE HACERSE CON AMOR»

«En el año 1985 comencé a trabajar con Umpiérrez, en Cirana que se ubicaba en calle 25 de Mayo casi José Batlle y Ordóñez, donde estuve por muchos años hasta el año 2012 que decidieron cerrar. Ahí fue cuando decido instalarme por mi cuenta y Umpiérrez me pasa su clientela, mi señora y yo le debemos mucho a esa familia, siempre nos dieron una gran mano», expresó.

Cuando preguntamos por qué no le gustaba su oficio, mencionó que «en realidad me sentía presionado a hacerlo, porque como no quería estudiar, pero con el tiempo le fui tomando el gustito y el amor al trabajo y oficio, por eso lo hemos hecho con mi señora juntos y siempre trabajando muy tranquilos».

Nuestro entrevistado dijo que «todo trabajo que uno debe hacer, debe hacerse con gusto y amor para que salga realmente bien y por suerte todos los días fui aprendiendo un poquito más porque nunca dejas de aprender».

UN OFICIO QUE RESISTE EN LA ERA DEL USE Y TIRE

Nelson comentó que también con el tiempo el trabajo fue variando «antes se trabajaba mucho en suela, el hombre usaba mucho zapato de suela, el zapato de cuero, recuerdo que llegué a planchar la suela en la rodilla». Eso hoy es algo novedoso y resulta que «la suela antes venía como nosotros le llamábamos sucia, por eso la mojábamos y la poníamos en la rodilla hasta estirarla bien y ahí quedaba».

Se tomaba la plancha de suela de vacuno, se ponía el zapato y se marcaba el contorno, tratando de desperdiciar lo mínimo y controlando que el espesor de la suela fuera similar para ambos. Se recortaba por la marca, con una cuchilla especial, muy afilada. Después de ver el trabajo terminado y de presentar en cada zapato cada suela los metía en agua durante 24 horas  y al día siguiente se retoma el trabajo.

«Así se planchaba, luego se colocaba en el zapato del hombre o mujer y se trabajaba muchísimo así. Pero hoy por hoy en suela se trabaja solo en bota de campo, y algún trabajo de suela bueno hay, pero son los menos. Antes también se trabajaba muchísimo en ‘chapita’ con las mujeres, en los zapatos llamados Luis XV, que siguen habiendo pero pocos. Hoy por hoy se trabaja mucho el deportivo, el champión, porque entró a andar mucho el calzado chino, el que mató primero a las fábricas uruguayas y por supuesto que también mató al oficio. Hoy el calzado es casi que descartable, muchos deciden tirarlo, son pocos los que lo arreglan», explicó.

«SER HONESTO CON LOS CLIENTES ES MI CONCEPTO»

Contó que «en mi trabajo siempre he tenido un concepto y lo primero es ser honesto con el cliente, porque si me llevan un calzado que no vale la pena arreglar, directamente les digo y no lo arreglo porque no vale la pena. Ahora si me llevan un calzado de cuero y lo puedo recuperar, doy la seguridad que trataré de hacer todo lo mejor».

Cuando hablamos del tiempo de espera, de los que dicen que van a buscar el arreglo y no vuelven más, destacó nuestro entrevistado, «eso también varió con el tiempo de antes, por ejemplo tiempo atrás podíamos trabajar sin seña, pero hoy si no trabajamos solicitando seña no podemos hacerlo, porque muchos no vuelven más. Hay ciertos valores que se han perdido».

«La zafra del zapatero va de marzo a octubre y va bastante pareja con mucho trabajo. Hasta hace dos años atrás puedo decir que llegaba a tener hasta 17 pares de calzado para arreglar, sabiendo que más de dos por día no se puede arreglar. Por eso el tiempo de espera también varía según el trabajo con el que uno cuente», detalló.

«ES UN OFICIO QUE NUNCA VA A MORIR»

Cuando le preguntamos si le hubiese gustado que su hijo hubiese seguido el oficio, dijo que «no, porque siempre tuve el concepto de que mis hijos debían estudiar, y no desprecio mi oficio y lo hago con mucho amor, pero Enzo siempre se volcó al estudio y a los 14 años agarró la guitarra y creo que menos que menos iba a agarrar un martillo».

«Lo que me hubiera gustado es enseñar, pero nunca se me dio, en realidad nunca me puse a hacerlo, porque este es un oficio que no va a morir nunca», afirmó.

«Para mí el último ‘zapatero –  zapatero’ fue Romero y Malo, pero también recuerdo que habían muchos más zapateros como los Umpiérrez, Juan y quien fue mi patrón, «Momano» Giménez y sus hermanos, Maracaná, Peruco, Niato Vilchez, Santángelo y tantos otros, y todos trabajaban muy bien. Hoy somos pocos y no hay mucho margen para que haya más y eso sucede por la calidad del calzado que anda en la calle», sostuvo.

«HE SIDO Y SOY MUY FELIZ»

Nelson Arrieta nos dijo «sí que he sido y soy feliz. Tengo todo, tengo a mi familia que no es nada poco, con mi señora llevamos 43 años juntos siempre en las buenas y en las malas lo que valoro muchísimo, dos hijos y cinco nietos hermosos. He sido muy feliz con el oficio que decidí tener y hago mi balance de vida, con altibajos como todo, pero con la felicidad de mi familia que valoro muchísimo».

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