30.08.2021 Un recuerdo para el amigo que se fue físicamente pero sigue espiritualmente con nosotros

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Por Omar Guillén Pose

Cuando un amigo se va el impacto es grande y nos cuesta muchas veces manifestarlo incluso en forma escrita, por cuanto nos reaviva el sentimiento de dolor, de no creerlo más allá de la realidad. La ida de Pirulo Bonilla, entrañable, nos afectó y tuvimos que ir conformando en nuestro interior ese proceso natural y humano. Bueno, hoy queremos recordarlo de la mejor manera, es decir con los momentos de encuentros que teníamos en algunos tiempos, una vez a la semana en su casa junto a su esposa, y a veces con los hijos y sus propios nietos, en los que Pirulo tenía un verdadero espejo y todas sus esperanzas de que fueran por sobre todo personas de bien. Pirulo constituyó un lugar de consulta para nosotros por su memoria y la calidad del conocimiento de los barrios y de la propia gente.

Su profesión, Panadero, le permitió ese conocimiento luego de muchas décadas en la actividad, que comenzó desde muy niño ayudando a su madre de la que tenía un concepto subliminal y siempre ejemplificada con su imagen. Sin duda valga la paradoja, amasó una trayectoria estupenda, y cuando decimos estupenda va desde la calidad del producto que elaboró y su forma de ser, actuar, donde ponía todo lo bueno que le adornaba interiormente. Largas tertulias con Pirulo, donde en su corazón asomaba siempre Wilson, Peñarol y Sportivo Minas, como sentimientos muy profundos. Fotos, notas y otras yerbas nos ponía por delante como forma de justificar sus dichos y anécdotas con las que adornaba aquellos encuentros, donde muchas veces respaldaba su apunte de recuerdo con su esposa, a quien conoció, se enamoró, se casó sin más vueltas, viviendo siempre hasta su último día como ocurrió. Cuantos recuerdos nos puso en la mesa donde nos reuníamos para vivir esas instancias de charla abierta, generosa, sin tapujos, como era Pirulo.

Hoy a pocos días de su partida, nos animamos a entregar ese recuerdo, que nos resulta emotivo y sentido, con alguien que podemos decir que nos ilustró sobre muchas cosas, como el pan de cada día que supo elaborar durante décadas para decenas y decenas de minuanos de todas las edades. Hoy entregamos el abrazo a su esposa e hijos, que nos permitieron de alguna forma compartir esos momentos de los días viernes que se dieron sin saber bien porqué, más allá de nuestro trabajo en el periodismo, lo hacíamos desde la amistad y el mutuo conocimiento por ser casi de una misma generación. Pirulo no te has ido de nuestro espacio, simplemente has hecho un alto para buscar el descanso merecido luego de deambular con el carro tirado por caballos, hasta que llegó el modernismo, de la camioneta, pero siempre con un pan «gracias a Dios» como decían nuestras madres en la querida canasta de mimbre.

Gracias Pirulo por lo que nos diste siempre, amistad, amigo e impulsor para que continuemos en la tarea. Tu espíritu descontamos que descansa en el mejor lugar del cielo, y permanece inalterable en nuestro corazón. Hasta el reencuentro para seguir con las historias terrenales que tanto tejimos…

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