03.07.2023 Aníbal Barrios Pintos y Olegario Villalba fueron reconocidos como Ciudadanos Ilustres
La actuación del Coro Departamental Mario Belardi
Por Karen Corbo
La emoción fue preponderante en la velada que tuvo lugar el viernes en el teatro Lavalleja, cuando en un merecidísimo homenaje la Junta Departamental de Lavalleja distinguió como Ciudadanos Ilustres al profesor e historiador Aníbal Barrios Pintos y al maestro y artista plástico Olegario Villalba.
El comunicador Gonzalo Brun fue el maestro de ceremonia, quien leyó en primer lugar los saludos del intendente Mario García y la secretaria general de la Intendencia de Lavalleja, Lidia Arújo. Luego dio lectura a los decretos que brindaron la más alta distinción para los dos ciudadanos.
La presidenta de la JDL, la edila María Noel Pereira, explicó que la distinción de Ciudadano Ilustre «es el mayor de los reconocimientos que podemos darle a un coterráneo y no hay reconocimiento más caro y más preciado que el de Ciudadano Ilustre, porque es aquel que por su obra trasciende las fronteras de su persona y de su tiempo, es aquel que deja huella en la sociedad, una huella tan rica que sirve al día de hoy y seguirá sirviendo a futuro para las próximas generaciones, como espejo en el cual mirarse».
«Lamentamos que este reconocimiento se haga hoy, porque es un poquito tarde, ninguno de los dos está entre nosotros, pero Ciudadano Ilustre es aquel que deja valores y una huella honda y profunda en la sociedad y es el mayor de los valores con que podemos reconocer, hoy a Olegario Villalba y a Aníbal Barrios Pintos», expresó.
Don Barrios
La subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura, docente e historiadora, Ana Ribeiro, recibió el reconocimiento para Aníbal Barrios Pintos. Ribeiro manifestó que sentía «una alegría muy rara» porque «don Aníbal finalmente haya sido reconocido por Lavalleja como ciudadano ilustrísimo que era. Dije rara porque él era una persona muy modesta, que siempre tenía temor que lo elogiaran demasiado, la gente tendía a decirle profesor, pero él se encargaba todo el tiempo de desmentirlo, sin embargo iba por la vida dando conocimientos a todo el mundo, con toda su generosidad. Atendía a todo el mundo con la misma generosidad, respondía con su caballerosidad y calidez a un estudiante que a un senador, tenía un magisterio natural y era sumamente modesto».
La historiadora relató varios momentos de la actividad académica de su colega y amigo. «Cuando se preparaba para presentar su último libro ‘De tierra adentro’, donde recogió lo que entendió que era lo más rico de este país: la gente y la gente del interior. Porque dijo: ‘Montevideo siempre se olvida del interior y yo voy a recoger cada poeta, cada escritor, así haya escrito un solo libro, si es del interior es justo que se recuerde lo que hicieron y si yo no compendio todo, esto no lo hará nadie’, me decía», recordó.
«‘De tierra adentro’ fue su último trabajo, ya muy viejito, pero fue hasta el último día de su vida un señor, derechito, elegante, divertido, gentil, amoroso, como era don Aníbal. Cuando fue a escribir este libro, ya casi en el final, arreglamos que yo hiciera la presentación y me dijo: ‘Le voy a pedir muy encarecidamente, usted no vaya a exagerar, producto del afecto, no vaya a decir más de lo que soy y más de lo que esto vale. Diga sólo lo justo’. Así que hoy se moriría de vergüenza si supiera que lo declararon Ciudadano Ilustre, más allá de lo que tanto le gustaba que Minas lo reconociera, que Minas supiera que había salido de aquí muy joven y que había hecho en Montevideo una carrera intelectual ejemplar», expresó.
«Don Barrios dejó escrito más de 46 libros de historia, algunos con un promedio de no menos de mil hojas. Escribió de todos los barrios de Montevideo, sobre todos los departamentos, sobre los libertadores y demostró cuántos eran, de dónde habían venido, demostró la riqueza sociológica que había detrás de los Treinta y Tres Orientales, que eran 42 y lo demostró él, que no todos eran orientales, desmontó un montón de verdades que se repetían sin sentido en la historiografía y con un método implacable descubrió verdades inmensas. Escribió cientos de artículos para el suplemento sepia de diario El Día. Escribió sobre el ámbito cultural, sobre las mujeres en el Uruguay, fue una de las voces pioneras, empezó por las patricias, las mujeres de la colonia, terminó con las mujeres ya capacitadas para ser científicas, o profesiones destacadas en un mundo más contemporáneo», detalló la subsecretaria del MEC.
La jerarca comentó que «Don Barrios fue un hombre estudioso, que hizo de escribir el sentido de su vida. La única vez que lo vi desbordado de orgullo y no tener ninguna modestia fue cuando contaba que fue el primero en Uruguay en poder jubilarse como escritor. No existía esa categoría y lo que hizo fue demostrar que había vivido escribiendo libros, con lo difícil que eso era. Se fue con los 46 libros al BPS y tuvieron que reconocer que había vivido de escribir toda su vida».
Ribeiro hizo mención al trabajo de Barrios Pintos fotografiando al país. «Don Barrios dejó una cantidad impresionante de fotografías de este país, comenzó haciendo para el interior, lo que llamó álbumes, de gran tamaño y precioso colorido, con muchas fotografías, que tomó él personalmente. El estudio de cada lugar, su paisaje, su geografía, están todos los rincones más emblemáticos, la biografía de la gente y para financiar eso que era muy caro de hacer, recorría las estancias y les proponía a sus dueñas que si querían aparecer en el álbum, debían pagar. Y don Barrios, no tuvo miedo en subirse a cualquier medio de transporte y adentrarse en lo más profundo de la geografía del Uruguay. No sólo recorrió, compartió conductas, historias, asados, en galpones en lugares de tierra adentro y aprendió, fue un baquiano desde la biblioteca a la vida, porque lo había visto todo, lo recorrió todo y lo documentó con sus escritos y con sus fotografías».
«Hay muchas historias y pequeñas aventuras detrás de las 10 mil fotografías que don Barrios dejó en la Biblioteca Nacional, un testimonio fotográfico impresionante, de cada lugar del territorio, de la vida social, de todos los tipos sociales», agregó.
Barrios Pintos falleció el 1° de junio de 2011 a los 93 años. «Murió como era él, trabajando. Yo lo llamaba casi todas las noches para saber si estaba bien, había quedado viudo, no tenía mucha familia y un poco como que nos adoptamos mutuamente uno al otro, me sentía su hija intelectual y afectiva, y tanto yo como mi esposo y mis hijos significaban mucho para él, participaba mucho con mi familia. Una noche lo llamé como todas las noches y me dijo: ‘Estoy vivo’. Ahí me di cuenta que él sentía que lo llamaba para saber cómo estaba, espacié las llamadas, pero nunca más de dos días, lo extrañaba demasiado para no llamarlo por más de dos días. La última vez que hablamos me dijo, ‘mañana voy al Instituto Histórico Geográfico’, y allí en medio de una sesión, sus papeles habían rodado por el piso, murió trabajando», rememoró Ribeiro.
La historiadora tuvo que ir a su casa, «abrirla, encontrar una casa literalmente de papel, no había lugar para más, y encontrar sobre su mesa de trabajo la historia de la ganadería en el Uruguay, con todos los ajustes y agregados que entendía él que eran necesarios, él se fue más atrás en el tiempo y le dio un enfoque distinto al que le habían dado (José Pedro) Barrán y (Benjamín) Nahum. Don Barrios la revisó hasta el último día, estaban todas sus correcciones con lápiz, hasta la última hoja, la obra estaba pronta. Trabajó con ahínco hasta el último minuto de su vida. Y el último homenaje y abrazo intelectual que le hizo al país, se lo hizo al interior, por eso ‘Tierra adentro’ es una obra preciosa, y es lo que él siempre sintió, un hombre de Lavalleja, un hombre de tierra adentro, don Barrios nunca jamás olvidó los cerros de su ciudad natal y él quiso volver aquí, y sus restos están aquí en Minas», concluyó Ribeiro.
A continuación los ediles integrantes de la comisión de Educación y Cultura de la JDL, Alda Pérez y Maximiliano Fernández, entregaron a Ribeiro la bandera del departamento y una placa en reconocimiento de Aníbal Barrios Pintos.






Teté
Mariana Villalba Arnabal recordó a su abuelo, Olegario Villalba. Al comienzo de su oratoria expresó su agradecimiento a la JDL en nombre de su familia. «Pasan los años y continuamos recibiendo muestras del impacto que Teté generó y sigue generando en muchas personas. Las demostraciones de agradecimiento y cariño que recibimos hasta hoy, provenientes de sus exalumnos y exalumnas, nos llenan de orgullo y alegría. Para alguien como él, que valoraba la empatía y las relaciones humanas, saber que esta comunidad fue quien gestó este reconocimiento, es algo que seguramente recibiría con enorme felicidad», señaló Villalba.
«Para Olegario, la docencia y la pintura fueron las inspiraciones de su vida. Ejerció el magisterio con un gran compromiso y dedicación, buscando transformar la realidad de su comunidad. A través de esta actividad, contribuyó a la construcción de experiencias pedagógicas innovadoras, que llevó adelante compartiendo junto a colegas como el maestro Grilo, Abner Prada, Cledia de Mello y Julio Castro. ¡Verdaderos activistas de la escuela nueva! Hoy, estas experiencias continúan aportando a nuevas generaciones de maestros, impulsándolos a reflexionar sobre los desafíos presentes y futuros de la educación pública», comentó la nieta de Olegario Villalba.
Villalba Arnabal recordó que «la experiencia de Teté en la enseñanza rural fue extremadamente enriquecedora tanto para él como para quienes lo acompañaron. A través de sus cuentos, conocimos la importancia que la daba a la comunicación con los padres, especialmente de las niñas, en una época donde los espacios de desarrollo, sobre todo en el medio rural, eran extremadamente limitados para ellas. Su paso por la docencia generó muchas vocaciones e intereses en sus alumnos. Teté fue un gran impulsor de actividades culturales y sociales en las instituciones educativas por las que transitó. El vínculo que estableció con sus alumnos y sus familias lo llenó de amigos y grandes satisfacciones, recuerdos que siempre llevó con él. Y para nuestra familia, estos recuerdos se han convertido en una parte importante de nuestras charlas y anécdotas».
El maestro «guardó con cuidado y esmero los archivos y recuerdos de su experiencia pedagógica, una actividad que llevó adelante durante más de 15 años en la escuela N° 50. Sin embargo, no todo fue un camino fácil, ya que llegaron tiempos difíciles para alguien como él, que creía en un mundo más justo y solidario, y que buscaba desarrollar el espíritu crítico y la capacidad de transformar la realidad de sus alumnos. Teté se volvió peligroso y subversivo a ojos del régimen cívico-militar, el cual lo destituyó y le impidió seguir ejerciendo su vocación docente», relató su nieta.
«A pesar del impacto inicial, Teté encontró refugio en su otro gran amor, la pintura, y la retomó con fuerza para poder sostener a su familia en esos tiempos difíciles. Muchísimos vecinos y amigos minuanos lo apoyaron incondicionalmente, a pesar de su destitución. Fue así como se dedicó por completo a la pintura paisajista de su amada Lavalleja, y sus obras fueron llevadas a distintas galerías y colecciones más allá de las fronteras. De joven, Teté había fundado junto a un grupo de pintores minuanos, Amigos del Arte, bajo la guía de Edgardo Ribeiro. Fueron incentivados por Juan José Morosoli a ‘hacer universal lo regional'», indicó.

Su familia lo recuerda «como un padre y un abuelo presente, intentamos que su legado nos inspire a ser mejores personas cada día. Estamos seguros de que para Teté, este reconocimiento representaría una alegría, difícil de transmitir con palabras, ya que tanto su actividad docente como pictórica, las llevó adelante con su querida Lavalleja como referencia».
«Hace un tiempo, vivimos con alegría cómo un grupo de maestras inquietas se interesaron por su experiencia e intercambio epistolar con el prestigioso pedagogo francés Célestin Freinet. Finalmente, los archivos y recuerdos que Teté atesoraba y que luego atesoramos nosotros, fueron incluidos por estas queridas maestras en el libro ‘La mano piensa’, que aborda la experiencia de la pedagogía Freinet llevada a cabo en un rinconcito de las sierras minuanas. Otro reconocimiento a su trayectoria pedagógica que agradecemos, es que la Escuela de Villa Serrana lleve su nombre. Y hoy, nuevamente, nos sentimos extremadamente felices con este reconocimiento Olegario Villalba, Ciudadano Ilustre», manifestó Villalba Arnabal, que concluyó su discurso «compartiendo el poema de José Martí, que Teté adoraba: ‘Cultivo una rosa blanca'».
Las edilas Yliana Zeballos y Beatriz Larrosa, que integran la comisión de Educación y Cultura de la JDL, entregaron a los familiares del maestro la bandera del departamento y la placa en reconocimiento de Olegario Villalba.
Sobre el final de la noche, el público pudo disfrutar de la actuación del Coro Departamental «Mario Belardi».
