11.09.2023 Reconocimiento a su vida y obra del Arquitecto Gustavo Riccetto

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Por Karina Núñez

Apreciado y reconocido arquitecto, profesor y docente, siempre buscando ayudar al prójimo, ha sido parte del Rotary durante más de 60 años, logrando que la sociedad minuana en muchos casos se viera beneficiada con diversas actividades. Hoy a sus 98 años, nuestra historia de vida nos recibió en su hogar, amable y con alegría de poder contar su historia.

SU VIDA

Gustavo Adolfo Riccetto Olivera, nació el 5 de diciembre de mil novecientos veinticuatro en Minas. «Mis padres vivían en la campaña, pero vino mi madre acá a dar a luz a Minas. Mi familia estaba conformada por mi padre y mi madre y nosotros éramos cuatro hermanos de los cuales dos sobrevivimos, Chola, que es la única mujer, porque los otros tres éramos varones. Mi madre era maestra rural. Entonces yo de chico estuve en una escuela en El Perdido, más cerca de la desembocadura de Santa Lucía. Después mi madre la trasladaron a una escuela en Lavalleja, pero en el límite con Maldonado, muy cerca de Aiguá, sobre la orilla de este lado del arroyo Aiguá. Ahí estuvo unos años mi madre y ahí aprendí a leer, tenía cinco años.

Me sentaba allí con los demás niños y mi madre me fue enseñando a leer. Después mi madre se acogió a una jubilación que había por madre, que era un año o dos y la daban compensación por tener diez años y tener hijos. Mi padre compró un campo en El Perdido, a 15 kilómetros de Minas. Ahí vine yo y mi madre y siguió dando clase. Pero a los diez años vine a la casa de un tío que era médico, el doctor Alcides Ricceto.

En la familia de mi tío, ingresé a la escuela uno cuando tenía diez años.

Terminé la escuela y después pasé al liceo. Lo hice en la calle 18 de julio, el liceo antiguo, donde es ahora el instituto normal. ese edificio lo demolieron, un edificio histórico que había sido un hotel. Ahí hice los cuatro años de liceo».

LA CARRERA

Al consultar si desde siempre quiso ser arquitecto, nos dijo «yo qué sé, tal vez desde niño, porque me gustaba dibujar. Y entonces empecé a atender por ese lado. Tuve que ir al IABA, a Vázquez Acevedo, porque era el único, lo llamábamos preparatorio, quinto y sexto de ahora. Ahí fui a la casa de otra tía también y en las vacaciones venía para El Perdido. Después, hice toda la carrera, pasé a la Facultad de Arquitectura, que en esa época era en el puerto, era un edificio donde termina la ciudad vieja, ahí hice toda la carrera. En esa época se inauguró el nuevo edificio y nos trasladamos para ahí. Cuando terminó la carrera decidí volver a Minas, conseguí trabajo, estuve tres años trabajando en el aeropuerto de Carrasco como dibujante, en la oficina de arquitectura cuando hicieron el aeropuerto viejo, cuando se construyó.

En una dependencia militar teníamos la oficina con el salón de dibujo, entonces trabajé junto con un compañero de facultad que fue el que empezó y me recomendó y estuve tres años. Incluso después hubo una vacante en el liceo de historia y yo no me había recibido, pero me propusieron, porque no había otro profesor y viajaba de Montevideo, dos veces por semana. Después cuando me recibí sí, ya ingresé al liceo, pero ya como profesor de matemáticas y algún curso de dibujo dí alguna vez, pero era una suplencia. Ahí me casé y alquilé una casa en Minas, trabajaba en la profesión también y en el liceo. Trabajé en la intendencia en esa época. Fui director de Arquitectura en la intendencia unos años, cuando Maldonado era intendente. Después estuve con el intendente Zabalza y con el intendente Salaverry. Pero como ya tenía bastante trabajo profesional y había aumentado las horas, resolví renunciar al cargo en la intendencia. Hablé con Salaverry y Salaverry se lamentó mucho».

Recordó que con ese intendente, «salíamos por ahí con la camioneta de él, cada camino era diferente y a veces nos pasaban algunas cosas, pero él tenía muchos recursos, tenía una especie de toro, ataba a un alambrado y sacaba la camioneta de cualquier pantanal. Porque íbamos a ver a los pueblos» .

Pero en realidad dijo «tenía mucho trabajo y muchas horas en el liceo, me habían ido dando cada vez más horas, porque profesores de matemáticas siempre hacían falta, siempre había un problema».

LOS TRABAJOS MÁS IMPORTANTES

Riccetto está orgulloso de haber realizado muchos trabajos, contó que «a mí lo que me gustó fue siempre colaborar con los clubes. El primer trabajo que yo hice importante, fue el gimnasio de Olimpic Atenas. Viví muchas, grandes y grandes reformas. Pero el gimnasio de Olimpic Atenas fue una obra importante y se hizo con mucha dificultad. Fue un besito de acá, un besito de allá, el ministerio, la intendencia. Después hice otro gimnasio como el de Sparta, el Colegio de Nuestra Señora del Huerto, que se llamaba en esa época, el del Club Democrático y también el de Mariscala. El Edificio de Eizmendi, el de Ramírez también donde está Maidana. Esas fueron obras mías. También el estadio, la tribuna del estadio, eso fue también con el intendente Zabalza, que siempre había presión, que no teníamos una buena cancha. En ese momento el intendente puso una patente a las bicicletas y con ese dinero se hizo el estadio. Siempre contemplamos mucho al cliente, pero siempre como arquitectos, tratábamos de presentarle cuáles eran las tendencias modernas de la arquitectura. Y llevarlo a un estilo más actualizado cuando los clientes iban por otro lado. Como también otros eran partidarios de la vanguardia. En 1968 hice mi casa, la que vivo actualmente Otra casa que me gustó hacer, fue la de mi tío, en calle W. Beltrán esquina Domingo Pérez, esa es mía también. Fue construida bajo mi dirección».

EL AMOR

Cuando le preguntamos cuándo llegó el amor a tu vida dijo «desde que estaba estudiando, ella vivía casi enfrente, vivía Lolita, era muy amiga de las primas de la casa donde yo vivía. Ahí entablamos amistad y después terminamos el noviazgo con María Dolores Revelo Gamba o sea que hace más de 70 que estamos casados. Más de 70, en 1950 nos casamos, tuvimos tres hijos».

A Gustavo Ricceto siempre le gustó colaborar con las personas, con las instituciones, «como también con Primaria colaboré».

EL ROTARY EN SU VIDA

«Al Rotary ingresé en 1962, ahí me invitó un amigo, un gran rotario, Juan Carlos Zuasnábar, que lamentablemente falleció hace unos años. Fui tres veces presidente, ahora siempre, si alguna opinión puedo darle, doy , pero tema de la salud no me permite concurrir a las reuniones. Pero siempre estoy en contacto con el Rotary y con las actividades que tiene. También estuve mucho en lo que fue la construcción de las casitas para madres solteras, un plan que salió en Rotary y que duró poco. Libran Bonino nos donó el terreno ese, e hicimos las gestiones y el Rotary financió las casitas».

«HE SIDO UN HOMBRE FELIZ»

Riccetto antes de finalizar, dijo «creo que más o menos lo que he hecho es lo que más me satisface. Además siempre pude viajar y conocer lugares. He sido un hombre feliz, dentro de lo que se puede lograr con el trabajo no me fue mal.

Hoy lamentablemente tengo mucha artrosis, muy trabadas las articulaciones y algún problema de hipertensión, pero para los 98 años por lo menos, puedo de vez en cuando hacer una caminata por la calle. En el año 2000 me jubilé. Me recibí en el 50 y me jubilé en el 2000″.

RECONOCIMIENTO

Rotary Minas reconoció a su socio Gustavo Riccetto por su trayectoria de más de 60 años de servicio a la comunidad.

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