04.11.2024 Día de los Difuntos

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Por Karina Núñez

El Día de los Difuntos es una festividad tradicional que se celebra el 2 de noviembre, en la que se reúnen familiares y amigos para rendir homenaje y recordar a seres queridos que han fallecido.

Es un día festivo religioso dentro de las Iglesias católicas, en memoria de los fallecidos. Se conmemora el 2 de noviembre y su objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, en el caso católico, por quienes se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Para la Iglesia Católica, se trata de una conmemoración, como un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto en este mundo (los fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados.

Este día, los creyentes ofrecen sus oraciones (llamadas sufragios), sacrificios y la misa para que los fieles difuntos de la Iglesia purgante terminen con esta etapa y lleguen a la presencia de Dios.

Aunque la iglesia siempre ha orado por los difuntos, fue a partir del 2 de noviembre del año 998 cuando se creó un día especial para ellos.

MISA EN EL CEMENTERIO DEL ESTE DE MINAS

En la mañana del sábado 2 de noviembre en los cementerios de Minas se realizaron misas, donde se recordó a quienes hoy no están en lo terrenal, pero sus almas nos acompañan.

Estuvimos en la misa de las 10 de la mañana en el Cementerio del Este, donde el Padre Fernando Pereira, llevó adelante ese momento tan especial y sus palabras aliviaron a muchos, recordando a aquellos seres queridos que tanto dieron y dejaron por nosotros.

El padre Fernando Pereira, referente de la Capilla Santa Teresita del Barrio Las Delicias se refirió «al llegar a Betania, Jesús se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días. Betania distaba de Jerusalén, sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro. Mientras María permanecía en la casa, Marta dijo a Jesús, «Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto, pero yo sé que aún ahora Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo, «Tu hermano resucitará». Marta le respondió, «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo, «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?». Ella le respondió, «Sí, Señor, creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía de venir al mundo».

Hoy, 2 de noviembre, es un día de recuerdo del pasado, un día para recordar a quienes caminaron antes que nosotros, aquellos que también nos han acompañado, nos han dado la vida, recordar, hacer memoria. La memoria es lo que hace que un pueblo sea fuerte, porque se siente arriesgado en un camino, arraigado en una historia, arraigado en un pueblo. La memoria nos hace entender que no estamos solos, somos un pueblo, un pueblo que tiene historia, que tiene pasado, que tiene vida. Por eso recordar a tantos que han compartido un camino con nosotros. Por eso, no solo recordamos, también hoy pedimos que los nuestros sean incorporados en la bondad de Dios y que nosotros seamos capaces de agradecer la vida y de darnos cuenta de cómo su vida ha sido sembrada en la nuestra. Así, invoquemos al Señor de la vida.

Ayer celebramos el triunfo de una muchedumbre. Hoy hacemos memoria y pedimos por quienes llevamos en el corazón de cada uno y en el corazón de nuestro pueblo, de nuestra diócesis y lo hacemos porque sabemos y porque experimentamos que Jesús resucitado, es quien da la vida. Él nos vincula a su resurrección personalmente y como pueblo suyo y pedimos que todos ellos estén en su corazón.

Por eso, por medio del resucitado, esta iglesia, la iglesia entera, se convierte en asamblea que intercede y ofrece y presenta la vida de sus hijos, acogiendo agradecido su vida. Hoy nos damos cuenta y ponemos delante que Cristo agradecido por su vida, es el mediador que como celebramos en la Eucaristía, en cada Eucaristía hace posible esta cercanía de Dios y nos dice, que somos heredero de Dios y coheredero de Cristo. Hoy es un día para preguntarnos cómo vivimos esto que decimos en el credo, espero en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro.

Hoy es un buen día para preguntarnos, cómo está siendo esta espera, si es esperanzada o es a veces como celebramos en la Eucaristía, en cada Eucaristía, hace posible esta cercanía de Dios y nos dice, que somos herederos de Dios y coheredero de Cristo. Hoy es un día para preguntarnos cómo vivimos esto que decimos en el credo, espero en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro

Hoy, por tanto, si es un día de esperanza, también es un día de descubrimiento de que Jesús está más cerca de lo que pensamos.

A veces pensamos que Jesús puede estar muy lejos o a veces nuestra gente no sabe descubrirlo y nos toca a nosotros también decirles por dónde vemos a Cristo. El Evangelio de hoy, nos explica cómo vivir la espera. Es un Evangelio de esperanza. Jesús nos dice, yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá».

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