Marcelo Gopar: de las sombras a la esperanza

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Marcelo Gopar

Por Karina Núñez 

La historia de Marcelo Gopar, es de un hombre que venció las drogas y hoy quiere devolverle a la sociedad lo que recibió. A sus 51 años, recuerda las veces que la droga lo llevó al borde de la muerte. Tras innumerables caídas, logró levantarse y hoy apuesta a compartir su experiencia para inspirar y ayudar a otros en su camino de recuperación.

Nos encontramos en Confitería Bardanca, un día soleado, casi que primaveral, nos sentamos frente a frente y viendo sus ojos y cada detalle en sus facciones, con ganas de vivir, pero también con emoción en cada una de sus palabras, nos fue contando, abierto al diálogo, en paz hoy, como ha sido esta parte de su vida.

Fernando Marcelo Gopar Correa nació en el año 1974 en la ciudad de Minas, se crió en el barrio Las Delicias, sus primeros años transcurrieron allí, con una infancia espectacular.

Del matrimonio de sus padres, es el único hijo, luego al separarse sus padres, cada uno hizo formó otra familia, y los dos tuvieron hijos, tiene dos hermanos por parte de madre, Gabriela y Maxi, y cuatro hermanas mujeres por parte de padre.

Desde niño siempre estuvo vinculado al deporte, al fútbol, a la bici, el parque Rodó al lado, entonces también hacía piscina.

«FUI MUY FELIZ EN MI NIÑEZ»

«La verdad que tuve una infancia espectacular, nunca me di cuenta que era pobre, eso fue algo muy bueno también, porque no vivíamos en una sociedad de consumo tan agresiva como la de hoy, y nos permitía ser muy felices con lo que teníamos. Eso fue algo realmente buenísimo de mi niñez».

Terminó la escuela y concurrió al Liceo Fabini. «Ahí empiezo otra etapa, obviamente, en mi vida, donde lo combino siempre con deporte en los primeros años. Hago hasta quinto de liceo, ahí tuve una adolescencia como la de todos, capaz que un poco precoz en mi caso, empecé a salir a los bailes muy joven y ahí capaz que un poco empezó como una etapa donde empecé a darme algunos permisos que no no fueron los adecuados y sin darme cuenta me fui metiendo en un lío que después terminó en algo que no era lo adecuado. Era muy deportista, empecé a correr en bici, hacía triatlón, hice un montón de cosas de joven y empecé a salir mucho de noche, dejé el deporte y no pude seguir lo que realmente quería que era hacer deporte y esa etapa se me cortó con empezar una vida más orientada a la salida, a la noche, a empezar a tomar y ahí entré en un mundo donde a la larga me fue perjudicado».

ETAPA DIFÍCIL

Le preguntamos cuándo llega la droga a su vida y nos dice «el consumo de drogas, comenzó cuando yo trabajaba, iba al liceo y ahí conocí a alguien que estaba privado de libertad y ese fue mi primer vínculo respecto a las drogas, probé las drogas. Durante muchos años fui un consumidor social, si alguien me convidaba en un evento o algo, hasta que ya grande, empecé a tener un problema con el consumo de sustancias».

«ESTOY VIVO DE CASUALIDAD»

«Me trajo problemas para mi vida, para la familia, para un montón de cosas, porque la carrera que hacés dentro del mundo del alcohol y las drogas es progresiva. No es que de un día al otro, hoy capaz que hay algunas otras cosas que te hacen llegar a a ser adicto mucho más rápido, pero sí, sin dudas que trae un problema enorme, no solo para el consumidor, sino para todo el entorno, familia, amigos, fue una etapa durísima de mi vida, donde estoy vivo de casualidad. Seguramente porque anda Dios por el mundo nomás, sino hoy no estaba acá teniendo esta nota contigo, me fue muy difícil mi etapa de adicto, fui un adicto muy adicto, donde no podía parar, literalmente comenzaba a consumir, y no podía parar, pensaba más y más y más, y te vas convirtiendo en una persona que no querés ser, perdés el control de tu vida y eso hace que empieces en una espiral donde cada vez vas tomando peores decisiones, y la droga te va llevando».

«LA AYUDA QUE NO PUDE VER»

Marcelo cuenta que la primera persona con la que habló, fue con la madre de su hijo mayor, con la cual estaba casado, a quien «le confesé mi dificultad y con ella empezamos un proceso, de intentar que pudiera parar el consumo, que fue muy difícil porque no teníamos experiencia, porque no estaba toda la información que hay hoy, porque fue un periodo de mi vida donde realmente no era tan fácil acceder a la información. Ella hizo hasta lo imposible, dejó todo para ver si yo lograba salir y no pude, mis amigos, mi familia. El proceso mío de recuperación fue como una carrera de posta, o sea, primero ella, después mis padres, después mis hermanos, mis amigos, todos de a rato iban agarrando la posta, para ver cómo ayudamos a Marcelo, pero todos se iban cansando en el camino, era imposible convivir con un adicto, entonces, fui teniendo diferentes etapas, todo el mundo hizo lo que pudo y yo lo sé».

Le preguntamos si era consciente que podía llegar a la muerte y nos dijo, «sí, siempre estuvo muy cerca de mí la muerte, y en algún momento tuve como una idea fija de que no iba a poder salir y que la única solución iba a ser terminar con mi vida, y eso me llevó a una gran depresión también. Mi deterioro a través de los años fue muy grande, después me separé, anduve en la vuelta, en Minas era como un zombie, entre medicación psiquiátrica y droga, era un tipo de veinte y pico de años, treinta años, entonces no era tan fácil de llevar, no había la información que hay hoy con respecto a qué hacer con alguien que padece una enfermedad».

«Fue un deterioro enorme y en un momento me fui a Montevideo, se me hizo muy difícil acá, si bien tuve muchísimo apoyo y con los años me doy cuenta que tuve un apoyo increíble que en ese momento no lo pude valorar. Es increíble pero a mí me dio trabajo la gente, fue increíble, trabajé como changa en la Intendencia, trabajé en la distribuidora Antúnez, sabiendo los dueños de mi padecimiento, me dieron trabajo en una situación increíble, trabajé en los Alfajores de la Sierras de Minas. Era una época donde ser adicto no era fácil, porque imaginate que hoy tengo catorce años, ocho meses y nueve días limpio. Soy consciente que en esa época no era fácil abrir las puertas a alguien con una adicción tan fuerte como la mía, porque aparte el deterioro era notorio y la gente, más allá de los amigos, también intentaron salvarme, trabajé con todos mis amigos para salir de la adicción y en realidad a nivel empresarial me daban trabajo igual, o sea, la gente apostaba a mi y con los años lo veo y no lo puedo creer».

Gopar sigue contando, «debo decir que no podía con la vida y sin embargo la gente me bancaba igual, la verdad que estoy muy agradecido».

«NO TODOS TOCAMOS FONDO DE LA MISMA MANERA»

Todos hablan que el adicto debe tocar fondo para poder salir de ese espiral, entonces, le preguntamos cuándo le sucedió a él y nos dice «eso fue otra etapa, llegué a tocar fondo realmente, lo que no hicieron los demás, que fue cerrarme las puertas, me las cerré yo mismo. Me fui a Montevideo y ahí empecé una etapa de autodestrucción mucho mayor a la que tenía y lo que hice fue empezar a consumir como para encontrar mi muerte de una sobredosis. No lo logré, se ve que el cuerpo me funcionó bastante bien y ahí terminé en poco tiempo consumiendo pasta base y viviendo en la calle. Nunca fui un tipo muy duro, ni muy guapo, siempre fui más bien, medio manteca y la verdad que no sé cómo aguanté el tiempo que estuve viviendo en la calle, porque las situaciones eran muy jodidas, no es fácil vivir en la calle, a veces uno ve gente en situación de calle y dice ¡mira este loco’ y sin embargo, está luchando contra una enfermedad, imagínate que de 10 que viven en la calle, 9 lo hacen por un tema de adicción, por problemas de consumo, por abuso del consumo, así que es durísimo el tema. Vos no quedás en la calle porque no consumís, llegás a la calle porque consumís drogas y no hay forma de convivir con alguien que consuma drogas, no hay manera, no hay forma».

SITUACIÓN DE CALLE

También le hicimos referencia a cómo se consume, cuando estás en situación de calle, no tienes trabajo, pero sin embargo se consigue el dinero para comprar la droga y nuestro entrevistado, nos dice que «era muy bueno en los semáforos, hablando con gente, mangueando, pidiendo, hacía plata, me iba muy bien, adquirís una habilidad, el adicto adquiere unas habilidades increíbles. En esa etapa que estuve en situación de calle, en un momento dado, tuve algún episodio que me intentaron matar y al final zafé, pero me asusté mucho y ahí fui a una policlínica que está en la calle Capitán Tula, y una doctora fue la que me atendió de madrugada y me dijo ‘loco, te vas a morir, te queda poco, tenés que hacer algo porque ya está’. Y me dijo, ‘te voy a dar plata para un boleto e internate en el Vilardebó, pedí ayuda, y fui, no me la gasté a esa plata en droga, increíblemente, me tomé el ómnibus, llegué al Vilardebó y ahí me internaron».

EL QUIEBRE Y LA EMOCIÓN INVADIÓ POR UNOS MINUTOS

Ingresamos en la entrevista en un momento, donde Marcelo se quiebra, debe respirar para continuar hablando, las lágrimas comienzan a salir, nos tomamos unos segundos para continuar, me pide disculpas, pero también estaba ahogada e inmersa en su situación. Nadie está libre de las drogas, tenemos hijos, amigos, familia, es difícil entender, pero hoy es casi moneda común.
Retomamos y nos cuenta, «en aquel entonces, había perdido contacto con mi familia, tenía a mi hijo y fue durísimo, muy duro, porque cuando caí en situación de calle, mi hijo cumplía cuatro años, hoy tiene 19 y no pude ir al cumpleaños de cuatro, porque vivía en la calle y no estaba en situación de ir, no podía presentarme así y fue una situación que me dio una depresión impresionante, entré en crisis y fue esa última etapa antes de llegar al Vilardebó donde ahí increíblemente me pasaron cosas, no sé bien ni el tiempo que estuve, creo que estuve un par de meses, pero encontré una psiquiatra que hizo un cambio».
«Un día alguien de Minas me vio allí y ahí se supo que estaba internado, fue a verme algún amigo y empezó de nuevo a caer algún vínculo. Fue el ‘Negro’ Píriz quien me encontró allí y habló con una persona que era de Beracaca que se llama Carlos Cal. Mandó gente de Beraca a hablar conmigo, para ver si quería ser parte y entrar en la comunidad y les dije que sí, me dieron el alta y me fui con ellos. Ahí empezó un proceso que realmente pude sostener en el tiempo, ahí estuve una cantidad de meses en Beraca. Empecé a ver que se podía, a creer, fue una etapa donde me di cuenta que había chances de volver».

UNA LUZ DE ESPERANZA

«Mi hijo fue la única luz que había encendida, además había perdido toda la fe y fue lo único que en un momento me hizo un clic. Me dije que no podía ser tan egoísta de pasarle a mi hijo esto. Hice el esfuerzo, no fue tan fácil, en realidad estuve cerca de un año en Beraca, ahí me dieron una ayuda increíble, la verdad que lo recomiendo para el que realmente está en problemas. Hay que tener fuerza de voluntad, ganas tremendas de salir y de volver a la vida. Estuve cerca de un año, después tuve un problema de salud bastante importante, sufro de una enfermedad grande, aparte de la adicción, tuve un inconveniente de esófago, que llevo tres operaciones, y de ahí me tuvieron que internar en el Clínicas y estuve un tiempo internado».
«Me inserté laboralmente en Montevideo, tuve una etapa donde intenté llevar mi vida adelante, pero tuve una recaída muy dura de dos días, pero extremos. Pedí ayuda a un compañero de trabajo, que era miembro de grupos de autoayuda y ahí empieza una etapa en mi vida que llegué el 30 de enero de 2011, es el día que tengo como referencia, fecha muy importante en mi vida, porque a partir de ahí no consumí más, conocí lo que fueron los grupos y una etapa donde mi vida empezó a cambiar totalmente. Desde esa fecha no tuve más recaídas, no es fácil, pero conocí un mundo en el cual no había tenido acceso, no sabía que existía y no sabía que los grupos de adictos para adictos eran tan buenos para ayudar».

«SERÉ ADICTO PARA TODA LA VIDA»

Todos tenemos como una frase que nos resuena y que es «todo llega a su tiempo», todo el mundo se puede recuperar de la misma forma. Marcelo dice «en realidad había muchas posibilidades de tener una vida sana, una vida saludable y saber que la adicción es para toda la vida. Soy un enfermo adicto toda mi vida, es de todos los días, llevo casi quince años limpio y todavía tengo sueños de consumo. Hay días que me despierto y digo, recaí. Y no, era un sueño».

HOY

Marcelo hoy trata de tener una vida ordenada, una vida con terapia, deporte, «traté de cubrir todas mis áreas y un poco en cada una. Encontré una mujer espectacular que me acompaña con mis hijos. Tuve otro hijo más, compartimos la vida con Valentina, la hija de mi señora también, o sea, somos cinco, Juan Pedro, Valentina, Agustín y Mariana, con los cuales comparto la vida y la verdad que Mariana fue algo que me mandó el poder superior que fue increíble, logramos meterle los dos por la familia, tenemos un emprendimiento que llevamos adelante».

«SOY UN AGRADECIDO»

Por último, el mensaje fue si podemos decirle a las personas, que sí se puede salir. «Sí, se puede, hay gente que lo logra y puede tener una vida digna, más allá de que a algunos les puede ir mejor que a otros en algunos aspectos, pero lográs tener una vida digna, y lo más importante es tratar de encontrar serenidad en la vida de uno. Cuando encontrás aplacar todo eso, se puede tener una vida saludable y emocionalmente encontrarte en un estado lo más natural posible. Hoy sólo espero acompañar a mis hijos mucho en las etapas que tienen por delante. Ahora tengo un lío bárbaro con Agustín, que no tiene ni idea de qué fue la vida de su padre, va a cumplir diez años en unos días y en poco tiempo, le tengo que contar quién fui, qué me pasó. Tengo que prepararme para ese momento, porque él me conoció ya, deportista, trabajador, y espero que me sepa perdonar».
«Además estoy en una etapa donde ayudo a mucha gente con dificultades de consumo, estoy siempre tratando de estar para lo que precisen, de buscar lugares para que la gente se pueda recuperar, algunos necesitan internación, otros no, ver cómo ayudo a su familia, la verdad que estoy siempre a la orden y me gusta hacerlo, porque entendí que de pasar a ser un inconveniente grande para la sociedad, hoy puedo ser útil en algo, y la verdad que me encanta, lo hago con muchas ganas, voy y vengo a donde sea. Sé que puedo devolver todo lo que recibí de la sociedad», finalizó.

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