Lila, 105 años de una vida sencilla y llena de amor
Lila, 105 años de una vida sencilla y llena de amor
Por Karina Núñez
El pasado 24 de junio, mientras el invierno abrazaba las calles de Minas, Luisa Juana Pereira Díaz, para todos, simplemente Lila, celebró nada menos que 105 años de vida.
Nació en Minas, un 24 de junio, siendo la menor de tres hermanos. Creció entre juegos, afectos y los recuerdos tranquilos de una época distinta.
Cursó sus estudios en el Colegio del Huerto y más adelante encontró su camino laboral en la Inspección de Escuelas, donde trabajó como administrativa hasta el momento de su jubilación, nació y vive en Minas desde siempre.
Su vida
Cuando habla de su vida no aparecen grandes viajes ni historias extraordinarias. Aparece algo mucho más profundo; la belleza de una vida construida día a día.
Lila nunca se casó ni tuvo novios. Y lejos de contarlo como una ausencia, lo hace con serenidad y una sonrisa. Porque su historia de amor fue otra, fue con su familia, con sus amigas, con el trabajo, con los bailes de juventud, con las conversaciones compartidas y con cada etapa que le tocó vivir.
Fue feliz y lo dice con simpleza, como quien no necesita adornar una verdad tan grande. Le gustaba bailar cuando era joven. Recuerda que su padre los llevaba al club Minas y que allí estaban la música, las risas y el encuentro.
Tuvo amigas, disfrutó de los domingos de misa y encontró en la fe una compañía permanente. Católica y creyente, hoy sigue agradeciendo cada día «a Dios y a la Virgen del Verdún».
Actualmente vive acompañada por una de sus sobrinas, que la cuida con amor, mientras otra la acompaña cada día a caminar. Porque sí; a sus 105 años, Lila sigue caminando todos los días.
Se levanta tranquila, mira televisión, sigue los informativos, conversa, comparte y disfruta de los pequeños placeres. Entre ellos, uno muy especial, el guiso de lentejas.
Tiene siete sobrinos, recibe visitas familiares para sus cumpleaños y conserva algo que no se compra ni se aprende, una manera luminosa de mirar la vida.
Cuando le preguntamos cómo hizo para llegar a los 105 años, no habla de fórmulas ni secretos. Habla de estudiar, de trabajar, de caminar, de creer, de vivir tranquila.
Quizás ahí esté la respuesta
La historia de Lila recuerda que el amor no siempre tiene una forma única.
A veces el amor es una mesa compartida, una caminata tomada del brazo, una amiga de juventud, una oración antes de dormir o una familia que llega a celebrar un cumpleaños.
Y así, con la ternura de quien atravesó más de un siglo, Lila sigue enseñando algo simple y enorme, que una vida feliz no necesariamente es la que más ruido hace, sino la que se vive con el corazón en paz.
